Almagro-Ripolles-Rodríguez. Dipo. Ciudad "Tartesico-Turdetana" en el valle del Guadiana. more

Conimbriga 48 (2009), pp. 5-60 (16,5 Mb)

M ART IN ALM AGRo -Ga RBEA "', P ERE P AU R IPOLLÉS* * , F. G ERM AN R ODRÍGUEZ MARTí N· ·· ... Universidad Complutense de Madrid e Real Academia de la Hi storia ; ** Universidad de Valencia; "'** Museo Arqueológico Regional DIPO. CIUDA D ' TARTÉSICO-TUR DETAN A' EN EL VALL E DEL G UAD IA NA "Conim briga" XLVIII (2009) p. 5-60 RESUM EN: Los hallazgos de monedas de Dip o en el término de Guadajira, Badajoz, y el estud io territorial del VaJle del Guadiana en época orientaJizante han permitido localizar esta importante población de la ant ig a Lusitanía. Su origen es una colonia tart ésica, paralela u y rival de Med ellín-Conistu rgis , pues ambas controlaban dos ramales paralelos de la ' Via de la Plata ' y la vía de Olisip o a Oretum, que unía todas las co lo nias perifé ric as del mundo tartes io septentrional. E l análí sis de las referencia s a Dípo en la Antig üeda d, las discusiones sobre su ubicación, los hallazgos arqueológicos , la estructura topográfica y su importancia estratégica, así como el estudio de la tipologia, cronologia, dispersión y catálogo de las monedas de Dip o permiten identificar esta ciudad, lo que supone una importante apo rtaci ón al conoc imiento de la estructura territorial de la cuenca del Guadiana y del Suroeste de Hispalia en época prerromana. ABSTRACT: The coins of D ip o found in Guadajira (Badajoz), and the study of · the Guadiana Valley in the Orientalizing Period has located this important preroman popul ation of Lusi tania. lt s origin was a Conimbriga, 48 (2009) 5-60 6 M. ALMAGRO-GORBEA , P.P. R IPOLLÉS, EG. R ODRíGUEZ M ARTÍN , D ipo tartesian 'colcny ', simil ar to and rival oí Medellín-Conisturg is . Both towns control1ed two paral1el branches ofthe ' Via de la Plata' and the route from Olisipo to Oretum and Castulo, which conneeted the peripherical colonies ofthe northem tartesian world. The analysis of the classical references of Dipo, the discussions on its location, its archaeological findings, its topography and strategic impo rtanee, as well as th e stu dy of the typo logy, chrono logy, dispersion and catalogu e of the coins mint in D ípo. identi fy definitely this town. It supposes an important contri bution to the territorial structure of the Guadiana basin and of Lusíta nia in preroman times. Conímbri ga, 48 (2009) 5-60 DIPO. CIUDAD ' TARTÉSICO-TURDETANA' EN EL VALLE DEL GUADIANA 1. Introdu cción La población prerromana de Dippo, una ciudad de origen tartesio a ju zgar por la caracteristica terminación de su topónimo, era hasta ahora de situ ac ió n desconoci da . E st e hech o ha traído con sigo las correspondientes discusiones desde el siglo XIX, hasta que recientes hallazgos numismáticos han permitido localizar con gran probabilidad la ubicación de esta rara ceca y, por consiguiente, el lugar ocupado por esa antigu a población prerromana. Este descubrimiento constituye una importante aporta ción para comprender la estructura territori al de las Vegas del Guadiana y, en un sentido más amplio, de todo el Suroeste de la antigua Hispan ia, que se ha sumado al reciente estudio sobre Medellin y su identificación con la antigua Conisturgis (Almagro-Gorbea et al. 200S), lo que aconseja publicarlo sin mayor demora. En efecto, Dip o aparece ubicada en pleno valle del Guadiana, lo que no resulta sorprendente, pues dicha situación ya había sido supuesta por algunos estudiosos y conf irma el interés de esa zona dentro del complejo ámbito geopolítico tartés ico. Por ello, la localización de la ceca y ciudad de Dippo con datos precisos ofrece una visión much o mejor de la estructura del territorio del valle del Guadiana desde época orientalizante hasta la fundación de Augusta Emerita, que supuso una profunda reorganización de la estructura territorial del valle del Guadiana. Conimbriga, 48 (2009) 5-60 8 M. ALMAGRo-G OR8f.A. P.P. R1PoLLt S. f.G . R ODR.l UfZ M ARTiN, D ipo G 2. Las ref eren cias a Dipo en la Antig iiedad Las referencias sobre Dipo en las fuentes clásicas son escasas, pues se limitan a una discutida referencia de Livio, otra referencia fragmenta ria de Salustio y dos indicaciones en los itinerarios. La más antigua referencia que existe sobre la población de Dipo es un texto de Livio (39,30) que narra las pr imeras campañas romanas contra los carpetanos el 185 a.C; en un pasaje que ha sido bastante discut ido: Eodem an no in Hisp ania praetores C. Calp urnius et L. Quin ctius, cum primo vere ex hibernis copias. educ tas in Baeturia iunxissent, in Carp etaniam, ubi hostium castra erant, progressi sun t, communi animo consilioque parati rem gerere. Haud pro cul Dipone et Tol eto urb ibus inter pabula tores pugna orta est, quibus dum utrimque sub veni tur a castris, paulatim omnes copiae in aciem eductae sunt . La segunda refere ncia a Dipo es una frase de un texto perdido de Sa lustio (His!. l, l l l: et Dipon em, validad urbem, multos dies restantem pugnando vicit), texto que hace referencia a una acción de guerra que Maurenbrecher (1967: 48) atribuyó a Metelo, aunque sus circuustancias históricas resultan imprecisas, ya que se trata de un texto fragmentario, si bien su contexto histórico hace suponer que debe corre sponder a las luchas del año 80/79 o 79/78 a.C. Finalmente, tambié n se cita a Dipo en el Itinerario Antonino (It.Ant. 4 18.3) como Dipone y en el Ravenate (lV,44 = 314,8), ya con el topónimo corrompido, como Bipone, topónimo que, con seguridad, corresponde a la misma población. La referencia de Dipo en Livio (39,30) ya fue valorada por Hübner ( 1903: 1159), quien , con acierto, consideró que esta referencia a Dip o y la de Salustio aludian a la misma ciudad. Sin emba rgo, esta acertad a v isi ón no ha sid o po ste riormente seguida po r ot ros au tores , probablemente por seguir la opinión contraria de A. Schulten ( 1937: 207), quien consideraba " imposible que se trate de Dipo al Oeste de Em erita; es, por el contrario, otra ciudad del mismo nombre (Hübner, 1903: 11 59, confun de ambos lugares)". Por su parte, Tovar (1976: 218) , con prudencia, se apartó de Schulten, pero dudaba entre ambas opiniones, pu es señaló que: "Es bleibt nach wie vor fraglich, ob das karpetanische Dip o bei Livius tatsachlich ein andere r Ort ist oder ob sich Livius hier geirrt hat", mientras que la Tabula Imperii Romani (J-29: 74, s.v. Dipone) Conimbriga. 48 (2009) 5-60 M. A L'iAGRO- G ORHEA, P.P RIroU . Es, f.G. . R ODRiGUEZ MAR TD.. Dipo 9 excluye sin explicaciones tanto la cita de Livio como también la indiscutida de Salustio. J. de A larcáo ( 1973:40) , basándose en el desarrollo de la Guerra Sertoriana, señaló que D ipo, Conistorgis y Lacim urgi eran una línea de ataque de Metelo contra Sertorio. Metelo se apoyaria en la linea del Guadiana, a la que desde Olisip o y Caeciliana se llegaba por D ip o (S chulten 1949: 95 s.), pero no se apoyari a en el Guad iana por ser un foso, como señaló Schu lten (id., 90), sino porque las gentes de esta zona podían considerarse turdetanos, pueblo entonces ya plenam ente rom anizado. Desde la línea del G uadiana los caminos de Mete lo han quedado índicados por tres topónimos que llevan su nombre: Metellin um , Cas tra Caecilia y Vicus Caecilius , éste Último situado entre el Tajo y la Sierra de Gata, además, acaso, de la K aikila (= Caecilia?) de Ptolomeo (Il, 4 ,9) , qui zás situada cerca de Córdoba (Tovar 1974 : 182; Garcí a Alonso 2003: 47), Yde Caeciliana en la costa atlántica, en la zona de la actual Setúba ! (Sc hulten 1949 : 91 s. y 95, y mapa), situación que aseguraba la comunicaci ón marítima en ret aguardia. Meteló desd e el Guadi ana se pro yectó hacia Castra Caecilia y Vicus Caecilius, en tierras cacereñas, así como ha cia Caeciliana, és ta cerca de Set úbal, cuya relación con Metelo ha sido di scutida (Guerra 2004: 21 9). E n 1993, Lui s Berrocal (1993: 44 , 63) abordó la personalidad de Dip o y su ub icació n entre los top ónimos del Su roes te de Hisp ania en su estudio sobre los Célticos. Para este autor Dipo seria el opp idum índígena ya citado por Livio (A b VI: COIl., 39,30) en la primera ínc ursión romana hacia la Lu sitania, fecha da en torno al 186 a. C., "situá ndo lo en la Ca rpetania , qu izás por erro r", aun que en otro lugar (p. 44) se ñala que "se observa una po sible confus ión con la ubicación de Dipo , que no puede ser la que se recoge en el Itiner ario entre Lobón y Juromenha" . Al inicio del decenio de 1990, García Mora ( 199 1: 87 y 91 s.), al estudiar la G uerra de Sa rtorio, hace una bre ve refer encia al episodio de D ip o (Sa l. Hist. r, 113), que fecha en el año 78 a.c., pero sin entrar en el tem a de la situación de la ciud ad ni en 10 que representó el episodio de su conquista en el desarrollo de las Guerras Scrtorianas tra s una lucha que debió se r mu y du ra, pues parece haber sup uesto su destru cció n, aunque sí discute con más detalle la ubi cación de Castra Caecilia (id. , p. 94), Caeciliana y Vicus Caecilius (id ., p. 96). Conimbriga . 48 (2009) 5-60 10 M. ALMAGRO -GORBEA, P.P. R!PO LLÉS, F.G. RO DRíGUEZ MARTÍN, Dipo Años después , Luciano Pérez Vilatela (2000: 176, 196) comenta que algunos manuscritos de Livio ofrecen la forma Hipo, aunque la confrontación con Salustio y con los Itinerarios precisan que la forma original era Dipo, En todo caso, Dipo pudo tener potencialmente una In! final, ya que se declinaba en Latín como tema en -n, como indica la forma Diponem (Salust. Hist. 1,111) y la Dipone de los itinerarios (lA 418,3). Pérez Vilatela (ibidem) también señaló con acierto que Dipo y Collippo serian los topónimos en -ip o más septentrionales (Pérez Vilatela 1990: 44 s. y 95) y, al plantearse la identificación histórica de Dipo, la considera la población mencionada por Livio (39,30) en la Carpetania en su narración de la conquista romana de Hispania, "probablemente debido a que era éste el país del que provenía el ejército romano en el 185 a. de J.C.", habiéndose producido la substitución del "lugar en donde" por el "lugar a través del cual se accede", como ocurre a menudo en los Itinerarios. Tras su temprana mención en la campaña del año 185 a. de J.C . de Quinctio Crispino y Calpurnio Pisón, ya no vuelve a ser mencionada de nuevo como punto conflictivo hasta la Guerra Sertoriana, pues según Pérez Vilatela (ibidem) , Dipo no se habria ínclinado demasiado hacia la causa lusitana, puesto que "se convirtió en una de las cecas romanorepublicanas de Hispania, a partir de 133 a. de J.C. ". En efecto, Dipo pudiera tratarse de uno más de los numerosos casos de ciudades del Suroeste con el mismo nombre que otras de la Celtiberia y zonas afines (Pérez Vilatela, 2000 : 108 s.), pero no parece que esto ocurra en el presente caso. Los pretores C. Calpumio y L. Quinctio, tras haber invernado en la Bética, llevaron sus tropas a la Beturia y de aquí se dirigieron hacia la Carpetania, donde los hispanos tenian sus campamentos de guerra, pues querían combatirlos conjuntamente. En este recorrido, parece lógico que pasaran por el valle del Guadiana, controlado por la ciudad de Dipo. Si se acepta esta lógica interpretación, a esta ciudad correspondería la referencia a la lucha que se inició haud procul Dipone et Toleto urbibus, esto es, no lejos de las ciudades de Dipo y Toledo, en la que vencieron los hispanos, que obligaron a huir a las legiones romanas. Ello lleva a concluir que la Dipo citada por Livio es la que contro laba el paso del Guadiana en el camino desde la Beturia Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M. ALMAGR(}-GORBEA, P.P. RIroLLÉS F. G . RODRíGUEZ M ARTÍN, Dipo , 11 a la Carpetania, aunque la falta de precisión en Livio permite pensar en una posible confusión con una segunda batalla que ya habría tenido lugar en el territorio de Toletum , donde, tras la derrota anterior, se impusieron los romanos en la batalla definitiva celebrada en un lugar desconocid o junto al Tajo. Sin embargo, todavía cabria una tercera posibilidad , ya menos verosímil, de que también la Toletum citada por Livio no fuera la ciudad carpetana (Ptol. lI,6), sino que correspondiera a una población extremeña de nombre semeja nte, como pudiera ser Tolote (pér ez Vilatela 2000: 110), posibilidad que parece mucho menos probable, aunque teóricamente tampoco se deba excluir. 3. Historiografia sobre las discusiones en tOTIIO a la ub icaci án de Dipo Los estudios de la tradición erudita ya se ocuparon de la situación de D ipo basándose en el Itinerario Antonino. En efecto, Dipo ya aparece recogido por el famoso humanista Ambrosio de Morales (Sánchez Madrid, 2002), quien, hacia 1575, en Las Antigüedades de las ciudades de España (1792: 120), al analizar el l ter ab Olisip one Emeritam, sitúa Dipone en Talavera la Real, tradición anticuaria cuyo colofón puede considerarse representado por Ceán Bermúde z (1832: 289), quien, en su Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, sitúa Dippo (sic) como octava mansión entre Lisboa y Mérida en Talavera la Real y la considera parte de los Celtas Beturienses, idea que todavía recoge la enciclopedia de Espasa-Calpe (XVIII, s.v.). A lo largo d el sigl o XI X pro si gu ió en tre los erudi tos e investigadores la discusión sobre la ubicación aproximada de Dipo entre Mérida y Évora. José de Viu (1852:74), siguie ndo el Itinerario de Antonino, recoge que había 9 millas de Emerita a Dipone, de ésta a Evandriana otras 12 millas y desde Evandriana hasta Augusta o Pax Augus ta (Badajoz), 16 millas, por lo que dedujo que "D ipo debió estar hacia donde ahora la ermita de Perales (en Arroyo de San Serván) y Evandriana donde Talavera la Real", por lo que suponia que quedaba al SW de Mérida y al Sur del Guadiana. Años despu és, Edu ardo Saavedra (1862 : 92), en su Discurso de ingreso a la Real Academia de la Historia , coloca D ip o a la derech a del Guadiana en Portugal en el mapa de las vías ro manas de Hispania Conímbriga, 48 (2009) 5-60 12 M. A lMAGRO ~ GO RHE¡\, P.P. RI P O L L~:S, F.G. R ODR.íGUEZ MARTÍ::-'-, Dipo que publica y señala en el texto que debía estar sítuada "a una legua antes de llegar a El vas" , según las distancias de l Itinerario de An tonino. apro ximadamente a la altura de Badaj oz, opínión que coincide con la seguída posteriormente por otros auto res , tanto de su época (Martín Mínguez 1883: 119) como posteriores , como Ala rcáo, Ro ldán y, en especial, los numismáticos (vid. in/ralo E. Hübner (1893 , n? 183), al ocuparse de sus monedas, señala que su ubicación era desconocida, situs ignoratur, pero el tipo de moneda de Dipo le llevó a suponer que la ceca estaría en el territorio de Évora (1903: 1159), como indican los itinerarios, que la sitúan entre Évo ra y Mérida, aproximadamente a una legua de Elvas. Schulten, al recoger las referencias de Livio (39,30) y de Salust io (J, 113), siguió a Hübner y también indica que Dipo quedaba entre Emerita y Évora , sin más precisión (Schulten 1935: 205 s.; 1937: 174-175) , aunqu e al referirse a la destrucción de Dipo durante las Guerras Sertoriana el 79 a.C. la sitúa al Este de Badajoz, a 29 millas de Emerita (id., 1949: 95), siendo seguido por otros autores, como Bosch Gimpera y Aguado Bleye ( 1962: 73), incluso muchos años después, por J. de Francisco (1989: 61), quien textualmente señala que "la Dypon que nos cita Tito Livio no puede ser la Dipo que está enclavada en Lusiania" , lo mismo que en la posterior sintesis de Montenegro (1996: 64, n. 80), que sigue a Bosch Gimpera y Aguado Bleye . Bas tantes años después, Navarro del Castillo (1963: 56), en un artículo en el que cousidera que Lobón era la antigua población de Lyeo , es el primero que indica el hallazgo de monedas de Dipo en dicho término municipal, inclinándose por situarla en la zona a I km. en dirección a la dehesa de Barbaño, donde existe una importante villa romana (Rodríguez Martín, 1998 ), aunque no llegó a ofrecer documento alguno y esta referencia, demasiado vaga y no docu mentada, no llegó a tener eco en los estudios pos teriores . J. de Alarcáo (1973: 40, 74 Y82), en su Portugal Romano, indica que se suele situar hacia Elvas, donde no hay hallazgos que lo justifiquen, o en Evora Monte, pues el único indicio es el hallazgo en Juromenha (Concelho de Alandroal), junto al Guadiana, de un miliario. Algunos años de spué s (id., 1988: 221-222) volvió a ocuparse de Dipo, pero sin indicar su situación, y aunque se inclin a por Évora Mo nte (id., 1, Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M. A LMAGRO-GORBEA, P .P. R IPOLLEs , f. G. R OORÍGUEZ MARTt l\, Dípo 1J 56), señala que es recogida en el Itinerario de An tonino e indica las publicacion es previas de Leite de Vasconcelos ( 1913: 109, n. 6) y de Roldán ( 1975: 235), que la había situado en Elvas. De nuevo ha retomado el tema en fechas más recientes (Alarcáo 200 1), inclin ándose de nuevo por situarla en Évora Mo nte, pero sin ofrecer argumentos concluyent es, aunque discute la nueva interpretaci ón que Gorgcs y Rodríguez Martín (1999 ) habí an planteado a prop ósito de la vía de Olisipo a Emerita al pub licar un miliario de Magnencio hallad o en Torre Águila (Mo ntijo , Badajoz). Otro autor que se ha ocup ado de la ubicación de Dipo en esos mismos años fue J. M . Ro ldán, en su Itineraria Hisp anica (1975: 64 y 235), obra en la que indica que "no es posible localizar con seguridad", sig uiendo a Saavedra (op . cit.), aunque se inclina por la zon a de Elvas, si bien poco después en una obra general indica la existencia de dos poblaciones con ese nombre (id., 1978 : 25). Es e mismo decenio, Tovar, en el tomo de Ibe rische Landeskunde ded icado a Lusitan ia, recoge co n cierta exte nsió n las imprec isa s referen cias ex istentes so bre Dipo (Tovar 1976: 2 18-219 ). En primer luga r, plant ea el prob lema de su identidad con la ciudad carpetana del mismo nombre citada por Livio (39,30), sin dec antarse sobre si se trata o no de un error de este autor latino. Igualmente recoge el texto de Salustio (Hist. 1, 113) con la cita a Dipo en una acción atribuida a Metelo, de acuerdo con la interpretación tradicio nal de 189 1 de B. Maurenbr echer (1967: 48). Es ta Dip o de Salusti o la ident ifica co n la de los itinerari os (Jt. Ant. 418,3; Rav. 314,8), según los cuales se situaria a 12 mill as de Ad atru mj/umen y 17 de Evandriana. También recoge, finalm ente, las opin iones citada s de E. Hüb ner y de J. de A larc áo (vid. supra) . Cas i un de cenio después, Rubi o Muñ oz ( 1983: 133) consideró que deb ía estar próxima a Méri da, en la com arca de Talavera la Rea lLobón , dado que el Itinerario la sitúa sólo a 26 millas al oeste de Emérita. La referencia a su destrucción probablem ente a manos de Metello (Salust., Hist. 1,113), "ocurr ida tras la campaña del Algarbe, permite situa r la fortaleza en el Alto Alentejo o la provincia de Badajoz, dentro de la cuenca del Guadiana, emp lazamiento que viene a coincidir, con el .dcducido del Itinerario, 4 18,3 y de la Cos mog rafta de Rávena, 3 14,8". Aun que también seña la las discordanc ias existentes entre Alarcáo ( 1983: 40 y 74), Roldán ( 197 1: 64) y Rubio Muñoz ( 1983: 133), Be rroca l se Conimbriga. 48 (2009) 5-60 14 M. A LM AGRo-Ga RBEA, P.P. R¡POLLÉS, F.G. R ODRÍGUEZ M ARTiN, Dipo inclina por situar Dipo bajo la impresionante fortaleza medieval de Juromenha, por la que pasaría la vía de Olisipo a Emerita por Ébora (Heleno 1951; Tovar, 1976: 218-219; Arias 1987: 122). Femández Corrales (1987: 54, mapas 1-3), al estudiar El trazado de las vías romanas en Extremadura , la sitúa hacia Talavera la Real según lo que indican las distancias miliarias, pero algunos años más tarde , en la Forma Urbis, este autor recoge las referencias del Itinerario de Antonino (418 .3: Dipone) y del Ravenate (314.8: Bipone), pero no las anteriores de Livio y Salustio (Femández Corrales 1995: 74-75, s. v. "Dipone"), lo que resulta sorpre ndente. En dicho trabajo, Femández Corrales (ibidem) la considera una mansio de la via XII del Itinerario de Antonino de localización incierta entre E vandriana y AdAtrum Flumen , por lo que no descarta "la pos ibilidad de que se encuentre en el término municipal de Talavera La Real, en función de las distancias transmitidas" , térm ino en el que se señala el hallazgo de monedas de Onuba, ltalica y Emerita, pero no de Dipo , según se indica más adelante (Forma Urbis , s. v. "Talavera la Real", p. 150). Por esos mismos años, Dipo no aparec e considerada en la obra de Siliéres (1990a) sobre las vias de comunicación de la Hispania meridional, probablemente por no atribuir su ubicación al importante punto de control viario que ocupa. Pérez Vilatela (1990: 47), al analizar los topónimos en ipo, la describe como "una de las mayores ciudades de Lusitania prerromana y de época republicana", pero la considera no localizada en su importante obra sobre Lusitania, (2000: 196), en la que concluye que "no creemos probable que estuviese al Este del Anos", por lo que parece sumarse a la tesis de su ubicación en Portugal, que ha resultado incierta. En fechas posteriores, Villar (2000: 99 s.) vuelve de nuevo a considerar la existencia de dos poblaciones denominadas Dipo , una carpetana y otra lusitana, mientras que M" P. GarcíaBellido y C. Blázquez (2001: 111) consi deran su ubicación desconocida y Pérez Guijo (2005) , al señalar que los romanos fueron derrotados en la Dipo lusitana el 188 a.c., sitúa la población, sin más precisión, entre Mérida y Évora. La solución a estas largas discusiones se ha resulto en estos últimos años. El uso generalizado de detectores de metal ha debido facilitar la localización de una concentración de monedas de Dip o en terrenos Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M. ALciAGR \ O-GORBEA, P.P. R1PoLLÉS. EG. R ODRÍGUEZ MARTfN, Dipo 15 cercanos a Talavera la Real, pero ya al Este del río Guadaj ira, en el término del pueblo del Plan Badajoz al que se dio el nombre de dicho rio (Rodríguez Marin y Gorges 2006: 179). Como Dipo es un ceca relativamente rara y con escasa difusión de sus moned as (vid. infra), estos hallazgos numismáticos permitían considerar localizada, con muy alta probabilidad, la ubicación de esta rara ceca y, por consiguiente , la del lugar ocupa do po r esa antigua población prerromana, hecho que ha permitido profundizar en su situación y significado histórico en el Valle del Guadia na. 4. La estr uctura topogr áfica de Dippo La localización de Dippo en el término de Guadajira, Badajoz, ha sido posible gracias a las noticias sobre los hallazgos arqueológicos que aparecian en su término recogidas en estos últimos años por Germán Rodrígu ez Martin de aficionados y de estudiosos de la zona, entre los que llamaba la atenció n, como se ha señalado, la reiterada aparic ión de monedas de Dippo (vid. infra) , ceca de acuñación poco abundante y que tuvo esca sa dispersión, lo que permitia suponer que Guadajira correspondiera a su ubicación originaria. La ausencia de trabajos de excavación e incluso de sondeos preliminares en ese lugar impide conocer con la debida precisión la topografia de la población prerromana, que debió estar ubicada en las inmed iatas proximidades y bajo el actual pueblo de Guadajira. Ese lugar forma un espolón o península en la converge ncia del cauce del río Guadajira, que corre de Sureste a Noroeste, al desembocar por la margen meridional en el Guadiana (fig. I Y2). Dicho lugar posee un gran interés estratégico, pues, al mismo tiempo que domina las ricas Vegas Bajas de Guadiana, controla el paso de rio por el vado formado por los arrastres del río Guadajira y, por tanto, el camino hacia la Bética (vid. infra). La topografia del lugar donde se situaba la población de Dip o constituye el extremo occidental de una formación de arcillas terciarias (MME 58-59) cortada por la erosión del cauce fluctuante del Guadiana, po r lo que su superficie se eleva unos 50 m. respecto a las inmediatas vegas de la margen izquierda. Esta formación de arcillas forma una especie de macizo que domina las Vegas Bajas del Guadiana y que se extiende unos 5 km., desde la población de Lobón, que ocupa su extremo Conimb riga, 48 (2009) 5-60 16 M . A U..AGRO-GORBEA, P.P. Rrr ou.rs , F.O. I R ODRíGU EZ M¡\I{TI'\', Dipo oriental, hasta la de Guadajira, que ocupa el occidental (fig. I y 2). En ese extremo occ idental, erosi onado por el río Guadi ana por el Norte y por el Guadajira por el Sureste (fig . 3), el mac izo arcilloso ofrece una estructura a modo de espolón con dos pequeñas vaguadas que le dan una forma de peninsula semitriangular, entre el abrupto corte del cauce del Guadiana al Norte y el valle formado por la erosión del Guadajira al Suroeste (fig. 4). La parte más elevada de dicha pe nínsula queda aproximadamente a 38'51' 10" de latitud Norte y 6°40'40 " de longitud Oeste y ofrece una altura máxima de 232 m.s.n.m., por lo que queda a unos 50 m sobre el nivel del cauce actual del Guad iana en esa zona, que en la actualidad corre casi 2 km hacia el Norte a 180 m.s.n.m. (MTNE 776-IV) , mientras que la zona septentrional, que avanza hacia el Guad iana, constituye el punto de máximo domini o visual a 21 1 m.s.n.m, (fig. 3, 4 y 5). La importancia estratégica de Dipo se explica perfectamente en su marco geográfico, aunque esta zona ha sufrido a lo largo de los siglos importantes transformaciones (Rodriguez Martin 1993 ; id., 1996), por lo que la visión espacial en la Antigüedad dista bastante de la que se puede apreciar en la actualidad. No se sabe con exactitud por donde discurriría el cauce y los brazos de l Ana a finales de la Edad del Bro nce, ya que sus huellas han desaparecido con las parcelación romana en primer lugar y, posteriormente, con las transformaciones de la pues ta en marcha del Plan Badajoz , aunque, pcse a estas circunstancias adversas, una prospección intensiva podria aclarar algunos de estos interrogantes. Sabemos por el geógrafo Eduardo Hernández Pacheco ( 1955: 360 s.) que el Guadiana es un río de curso estacional y dc fuerte escorrentía, con importantes crecidas en los períodos de lluvias, 10 que ha provocado, en un terreno palustre como éste, que cambiase de curso con relativa asiduidad. A la vez, en los períodos de estio, como el propio Hernández Pacheco afirma , el Guadiana queda reducido a charcas en muchos tramos . Por tanto, no podemos seguir manteniendo la idea del caudal de l Ana basada en el régimen actual del rio, ya que el "nuevo Guadiana" está perfectamente regulado po r una amplia red de pantanos, como los del Cijara, La Serena, el Matachel, etc. Conimb ríga. 48 (2009) 5-60 M . AI. MAGRo- G ORBEA, P.P. RIPOLLÉS, EO . R OI>RíGUllZ MAR Dipo TíN, 17 Sin embargo, sí bay constancia aproxi mada de que en siglos posteriore s no debía distar mucho del cauce actual, ya que se puede rastrear el cauce "principal" del rio por la posición de las villae romanas localizadas y, sobre todo, por las normas dictadas en época del emperador Vespasiano referentes a la ocupación ilegal de las tierras ribereñas, que habían sido declaradas desde los inicios de la Colonia de Augusta Emerita como públicas. Esta situación, como recogen las fuentes, se solucionó de forma que no agradó ni a los propietarios ni a los demandantes, siendo de interés señalar que casi coincide Dipo (fig. 20) con la pértica de la centuriación romana de Emerita (Georges y Rodríguez Marin 2006: 187, fig. 3). El límite primi genio de las tierras de subces ivae quedó marcado por medio de dos calzadas, una en cada margen del Ana: la vía Xli del ftineario de Antonino, por la margen ízquíerda, y la XIV y XV, por la derecha. Esta situación y el hallazgo en excava ción de un miliario en la villa de Torre Águila permiten saber que la calzada pasaba por los bajos de Lobón , entre la milla 16 y 17, es decir, por la zona de vega de aproxímandamente un kilómetro, donde el río no podía llegar en su máxima crecida. En la zona de Guadajira, no cabe suponer que se aproximara a ella el Guadiana, ya que las villas situadas en su ribera marcan perfectamente su trazado . Es precis amente en la villa de Pesquero , en Pueblonuevo del Guadian a, ubicada en la margen derecha frente a Guadajira, donde el río ha ido socava ndo la prop ia villa. Este paisaje del Ana en Lobón debió ir cambiando paulatinamente o cn una de sus múltiples crecidas, tendiendo cada vez más a aproximarse al pueblo. Parece ser que entre los siglos VIII YIX, como hemos podido comprobar en la villa de Torre Águila (Rodríguez Martín 1993), el rio hace un cambio de curso más brusco, de tal modo que si en los primeros siglos la villa se encontraba en la margen izquierda, a partir de esas fechas pasa al margen derecho, aunque llegaba a ocupar la primitiva calzada en las etapas de grandes crecidas. En el caso de Lobón, el fenómeno resultante es la aproximaci ón cada vez más marcada a las partes bajas del pueblo, situación que oblígó a un cambio en el trazado de la antigua calzada (via XII), que a partir de esos momentos pasó a transcurrir por los altos de Lobón para dirigirse por la planicie superior hasta el Guadajira, punto esencial y de control, en todo momento, de Conímbriga, 48 (2009) 5-60 18 M . A LMAGRo - G a RBEA, P.P. R1 POLLES F.G. R ODRiGL"EZ MARTÍN, Dipo , este río, afluente que desembocaba en el periodo romano y posterior, aprox imadamente, a 1 km. de los cerros del Cotorrillo, nombre con el que se conocía al lugar donde se levanta el actual pueblo de colonización de Guadajira. La situación tan privilegiada del actual pueblo de Guadaji ra, asi como la presencia de hallazgos del Bron ce Fi nal y del Período Orientalizante, con estructuras tanto de tipo urbano (hoy destruidas al levantar nuevas viviendas), como de necrópolis, permiten afirmar que el lugar fue siempre un importante punto de control. Cierto es que ambos extremos de la meseta (Guadajira y Lobón) siguen facies similares, con mayor preponderancia, e n un prime r momento, de la occidental (Guadajira) y a partir del siglo IV a.C. de la oriental (Lobón). Sin embargo, ambas siguen un ritmo para lelo a lo largo de la Antigüedad, como ponen de manifie sto los materiales recogidos en ambos lugares. Será a partir del cambio del curso del río Guadiana, expuesto unas líneas más arriba, cuando Lobón consiga un desarrollo mucho mayor, como lo atestigua la presencia de un castillo levantado en época islámica, hoy destruido, y la ubicación a partir de esas fechas del nuevo trazado vial, que cada vez se aleja más del cerro del Cotorrillo, como evidencia el propio trazado de la antigua carretera nacional V, que pasaba por los bajos del nuevo pueb lo de colonización. Por tanto, sin poder precisar en el tiempo, pero con bastantes visos de pro babilidad, el nuevo cambio de río y el auge tomado por Lobón como punto estratégico y de control, llevó a una paulatina desaparición del lugar donde debió ubicarse la primitiva Dipo. Abandono que culmina con la creación a finales de los cuaren ta del siglo XX del pueblo de colonización de Guadajira, 5. Los hallazgos a rqueológicos Bajo el promo ntorio o espolón más saliente y extremo situado al Noroeste y justo encima de las vega del Guadiana (fig. 5), sobre un lugar de nominado El Cuco, es do nde se han reali zado los más importantes hallazgos , datados desde la Edad del Bronce hasta época romana (vid. infra ). Dicho promontorio mide tan sólo unos 200 m de Norte a Sur por lOO m de Este a Oeste en su anchura máxima y avanza en forma de lengua destacá ndose del resto de la península entre una Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M . ALMAGRo-G ORBEA, P,P. RiPOLLES, EO . R ODRÍGUEZ MARTíN, D ipo 19 abrupta caída hacia el va lle del Guadaj ira y una vaguada que lo separa del resto del maci zo que domina esa pa rte de las Vegas del Guadiana (fig. 3, 4 Y5). Es te estratégico lugar debió ser ocupado por la po blación pr er romana de Dipo , qu izás como acró po lis , au nque la fal ta de excavaciones impide contar con indicios más evidentes. Es seguro el hallazgo de algún fragme nto campanifo rme y de monedas antiguas en la zona, como una de Salacia (fig. 6a) aparecida en la calle de la Orden, en el suroeste del actua l casco urbano de la po blación, a 38° 5 1' 02" Norte y 6° 40' 57" Este. Sin embargo, tambi én hay que tener en cuenta que los rebajes de tierra que se rea lizaron para construir la población de Guadajira dentro del llamado "Plan Badajoz" han debido destruir niveles arqueológico s, que en parte fueron transportado s a la vega para mejorar su carácter palustre, según confirmación oral de las gentes que vivieron en los cortijos de la zona antes y durante la cons trucció n del pue blo de colonización en los años 1960, aunque falta documentación sobre las fuertes transformacion es sufridas en toda esa zona (Je rez Linde 2002: 13), que se vió afec tada por remociones de tierras ocurridas en esas fechas (fig. 7). Además de la citada moneda de Salacia; es de interés señalar la aparición algo más al Sur, en las ladera meridionales de la población (fig. 8), de una tumba con una urna de tipo turdetano con su cuenco como tapadera (fig. 9), fechable en los siglo ITT-U a.C. (Jo sé Ma nue l Jerez Li nde, comunicación person al , 19.4 .2008) , en una zona oc upada ya por enterramientos del inicio de la Edad del Bronce (Hurtado 1985). Esta tumba de incineración confirmaria la existencia de un hábitat prerromano de tradición turdetana sobre el cerro en espolón que domina la confluencia del Guadajira con el Guadiana que actualmente ocupa el pueblo de Guadajira (fig. 3 y 4). Más interesante son algunos hallazgos procedentes del lugar denominado "El Cuco", situado en la Vega del Guadiana al pié del cerro y en la margen derecha del pueblo de Colonización (fig. I y 4). En dicbo lugar, de unas 5 Ha., han aparecido, además de diversas monedas de la ceca de Dipo (vid. infra), numerosos materiales arqueológicos de interés, los más antiguos de los cuales se remontan al Periodo Orientalizante. Además de numerosas cerámicas a tomo grises orientalizantes, destaca un fragmento de plato ático atribuido al Pintor de Londres B-76 (fig. 10), fechado hacia el Conimbr íga, 48 (2009) 5-60 20 M. ALMAGRo- GOKI:H!A. P.P. R.1PO S, EG. RooRiG u MAR Dipo Llt l. TiN, 570 -560 a.e. (Jiménez Áv ila y Ortega 2004: 15 s. y 68 s.), así com o otro fragmento de cerámica con una figura humana, qu izás alada , bajo cenefa de cable (fig. 11), que cabe fech ar antes del 600 a.e. al ser de tipo 'Medellín' (Torres 2008). También se esa zona proceden algu nos fragmentos de cerámicas áticas de barniz negro (fig. 12), que documen tan la continuidad de la población en el siglo IV a.e. (Jiménez Ávi la y Ortega 2004: 18 y fig. 14,5 Y 15, 2-3). Igualmente, en esa zona han aparecido objetos de bronce de interés. Uno es una palmeta de un asa de tipo ' ancla ' (fig . 13), de las que ya se conocía algún ejemplar en Hispania (Almagro 1943), aunque esta pieza de D ipo debe cons iderarse una imitación de un oinochoe arcaico probablemente etrusco (Jacobstha l y Langsdorff 1929 : 93 s.; Vegas 1957; Hill 1958: 196 s.), más que griego (Hill1 958; Stibbe 2000: 27 s.), a j uzgar por la forma plana de la palm eta con las lengiictas separadas por simp les lineas incisas. Otra pieza importante son dos asas de manos de ' brase rillo' (fig. 14, a), de tipo orientalizant e a juzgar por las líneas en las muñecas (Cuadrado 1956: 57, fig. 1-4; Prada 1986; JiménezÁvila 2002: fig . 96), así como un resorte de fibula de tipo Alco res o Ace buchal (fig. 14, b), fechable a inicios de l siglo VI a.C . (Ruiz Delgado 1989), y dos fibulas anu lares hispáni cas , una ellas de tipo orientalizan te de arco de alambre (fig. 14, e), tipo 9 de Cuadrado (1963: 17), que en Medellín se fecha c. 575 -475 a.e. (Torres 2008a: 532 s.) y otra de charnela (fig. 14, d), de tipo 4 de Cu adrado ( 1957: fig. 5), ya del siglo V avan zado o IV a.C., un brazalete en forma de cínta p lana con los extremos esfé ricos (fig. 14, e), variante de forma desconocida en Medellin (Torres 2008b), por lo que no se puede exc luir una fecha post-orientalizante, y un colgante amo rci llado de 'cesto' (fig. 14,1), característicos de guerreros celtas de tradición atlán tica y cuya fech a se sitúa hacia el sig lo V a.C. (de l A mo 19 78), co mo los lusitanos (pérez Vilatela 2000: 125). Este conjun to de materiales se completa con una terracota que parece representar un felino co n la cabe za y las patas rotas (fig. 15, a), por lo que su adscripción estilistica es dificil , aunque recuerda algunos exvotos simi lares del santuario de Corvo (Maia 2008: fig. 4), Yun a fusayola casi esfé rica con decora ción incisa (fig. 16, b), que puede atribuirse a la Cultura de los Opp ida de Extremad ura (Berroca l 2003: fig. 9). Los materiales de "El Cuco" han sido cons iderados por Jiménez Ávila y Ortega (2004) , como p rocedentes de una ne crópoli s de l Periodo Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M . ALMAGRO-GORBEA, P.P. R..woU .F F.G. R ODRIGUEZ MAR D ípo ..5, TiN, 21 Orientalizante Recien te, que estaría situada próxima al cauce del Guadiana, por lo que seria p rácticamente contemporá nea de la de Medellín (A lmagroGorbea et al. 2007-2008) , pues se fech an, como los objetos de metal, en los siglos VI al IV a.c., aunque la aparíción en esa zona de monedas de Dipo y las fuertes remociones sufridas por los terrenos al adecuarlos para el plan de regadío de las Vegas Bajas del Gua diana (fig. 7) dejan abierta la posibilidad de que pudieran proceder de una parte destruida del po blado situado en el cerro. Además, tamb íén ha aparecida a unos 200 m. más al Este una moneda de Dipo (fig. 17, a), que confirmaría el posib le origen urbano de eso s materiales. Por último, el panorama de los hallazgos de esta zona se completa con los materiales recogidos en el extremo suroeste de Guadajira, actualmente sín urban izar y dedicado a tierras de labor (J. M. Jerez Li nde, comunicación person al, 19.4 .2008), situado sobre la confl uencia del valle del r io Guadaj ira con el vado al Sur y las veg as de l Guadian a al norte del p osible ase ntamiento de la población, a 380 50 ' 4 8 " Norte y 60 40 ' 07 " Es te, lug ar en el qu e han aparecido monedas de Castulo (CNH, p. 335 , na 38; Garcia Be llido 19 82: na 301-4 12), Obulco (Arévalo 1999: serie VA) y Carbula (Almodóvar del Rio , Córdoba; CNH p. 365 , na 3) , que indican la contínuidad de las relaciones comerciales con la Bética de un punto tan estratégico a inicios del siglo 1 a.C. (fig. 6, b-d). 6. Dipo, u n a población tartesia en el Valle del G uadiana La identificación del emplazamie nto de Dipo permite comprender su importancia geo -estratégica en el Valle del Guadiana, aunque la población resulta prácti cam ente desconocid a al no haberse p odid o realizar excavacione s. Sín embargo, junto a los materiales orientalizantes, existen diverso s índicios de que esta poblaci ón debe co nsi derarse un a fun dación o "colonia" tartesia, a juzgar por lo que documenta su topó nimo , que ofrece una ínteresan te ínforrnación complementaría, pues se relaciona con la serie bien estudiada de poblaciones tart esia s con top ónimos e n ipo (Unterrnann 1961: 34, mapa 16; Villar 2000: 85 s.; Torres 2002: 324 s., fig. xm,6). El tamaño y caracteristicas urb anas de Dipo son descon ocidas, ya que su solar parece haber sido muy arrasado al realizar la colonización agrícola del Plan Badajoz hacia 1960 (fig. 7). Sin embargo, este estratégico Conimbriga. 48 (2009) 5-60 22 M . A U .fAGRo-GORH F.A, P.P. RIro LL ÉS. F. G. R OIJRiGUEZ MAJITfN, Dipo lugar ya debió ser habitado en la Edad del Bronce, corno evidencian tres sepulturas de cámara halladas al sur del pueblo actual, junto a la carretera de acceso (fig. 8), que contenian cerámicas de tipo Atalaya-Santa Vitoría (Hurtado 1985; id., 1995: 77, fig. 8), y en el altozano que debió ocupar la ciudad, dominando las Vegas del Guadiana y el río Guadaj ira, también se ha hallado un fragmento de vaso campaniforme y una muñequera (José Manuel Jerez Linde, comunicación personal, 19.4.2008), Dipo debe considerarse, en principio, una población de origen oríentalizante similar a ConiShl1g¡:,-M edellin y Lacimurgi en la 'linea' del Guad iana (vid. infra, fig. 19), como confirma su característico topónimo tartésico en -ipo, que se considera un apelativo con significado de "ciudad" (Villar200ü: 387), pues este sintagma siempre aparece asoc iado a nombres de ciudades , salvo en el hidr ónimo Callipous <r Callippo (Villar 2000: 90), aunque este caso podria expl icarse por haber recibido dicho río el nombre de la población por la que pasaba . Por ello, la hipótesis de que ipo signifique "ciudad" o "población" en tartésico puede aceptarse sin dificultad (Correa 1994: 339; Villar 2000: 90 y 11 7 s.), lo que ayuda a interpretar la historia de Dipo. Más problemático es el posible origen anatólico de este elemento , ya valorado por Hubschmid ( 1960) Yseguid o por Villar (2000 : 109), por lo que se trataría de un término que quizás hubiera llegado hasta Hispania con los movimientos de gentes del Bronce Final relacionados con los llamados "Pueblos del Mar", sin excluir otras posibilidades. Luciano Pérez Vilatela (2000: 176, 196) ya observó que D ip o y Co llippo son los top ónimos en -ip o má s septentrionales conocid os (Villar 2000: 87 s.). Sin em bargo, a Dip o y Collippo hay que añadir L a cip aea, en las proximidades de M edellín , pero de ubicac ión muy discutida (Fita 1894: 94-95; Rosso de Lun a 1912; Mélida 1925: 37 1; Tovar 1974: 208; D íaz el al. 1986; Rosco y Téllez 1986; Femández Co rrales 1987: 69 s.; Madr uga y Salas 1995: 347 s.; TlR J- 29: 97 ; Oli vares 2002: 41-4 2, 249) , Y Lippos, situada ya en la M eseta No rte al Sur de Sa lamanca (Almagro-Garbea el al. 2008). Ad emás, en la cuen ca del Guadiana, a los to pónim os citados Se deb en añadir Iu lip a , en Zal amea de la Ser ena (CIL TI, p. 326 s.; Tovar 1974 : 94 S.; Plinio III, I O l tAnt. 416,1; Rav , 315,9; quizás Ptol. TI,4,9; Garcia Alonso 2003 : 54 ; s.) y con estos topónimos se po drí a relacion ar, co n ciertas res ervas, Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M. ALMAGR (}-GORDEA, P.P. R lPO Ll.ÉS, f.o . R ODRÍGUEZ MARTiN, Dipo 23 Sisapo , en la znna miner a de Almadén (S trab. lIJ,2,3; Plin. Nh. XXXIII, lI8 Y 121; Pto1. II,6,58; Tovar 1974: 96 S.; TIR, J-30, 30 1 S.; García Alonso 2003) . Ya en la zona at lántica , j unto a Collipo , en San Sebastiáo de Freixo, Leiria, en la Estremadu ra portuguesa (Plin . IV, 133; TJR J-29 : 65), hay qu e incluir Olisippo, Lisboa (Str. m ,3,1 ; Plin . l V,116; Mela III ,76; Pto l. lI ,5 ,3 ; JtAn t 4 16,4; TJR J-2 9: 11 8 s.) y Callipo-Cantnipo/Bevipo, en Alcácer do Sal (Ptol lI ,5,2: TIR J-29: 50; Faria 1989: 79; id. 1992: 40-41; id. 1995: 144 s.). Pero e l int erés de este conjunto de top ón imos en ipo ex tendidos por áreas periféri cas del mundo ta rté si c o es que co rres po nde n a pobla ci on e s que co nformaba n u na a uté ntica colonizaci ón ta rtes ia (To rres 20 05; Al magro-Garbea et al. 2008a, p. 1055s.). Villar (2000: 87 s.) ha realizado una exhaustiva recopilación de casi 50 topónimos de esta serie, caracterizados por estar formados por un elemento ipo, que se concentran en Andalucía Occidental, pero que se extienden por todo el Suroeste de la Peninsula Ibérica hasta el Tajo (fig. 18). Dichos topónimos se pueden clasificar en tres subseries, según la forma en que aparece dicho elemento en ipo (Villar 2000: 105). Unos pocos casos, entre los que se encuentra Dipo, se caracterizan porque dicho elemento va precedido de un simple 'prefijo', como ocurre en otros cuatro topónimos (fig. 18): Laepia, en Lepe, Huelva (Plin . m ,15), Lippos, en Valverde de Valdecasa, Salamanca (ItAnt. 434 ,2), Saepo , en el Cerro de la Botin era, Algodo na les, Cád iz (Plin . 1Il,14) y Aipora, ceca de ubi cación incierta, quizás en Évora, Cádiz (Ga rcía Bell ido y Blázquez 2001, lI : 22 s.), aunque la lectura es dudosa y podría ser Anaipora (Villar 2000 : 101), en cuyo caso no perteneceria a este subserie, si bien Villar plantea alguna reser va so bre es tos topónimos en ip o más sencillos del grupo de Dipo . Sin embargo , no pue de aceptarse la int erp retació n de Vi llar (ibide m ) sob re la exis tencia de do s pob lac iones distin tas con el topó nimo Dip o, una en la vía de Olisipo a Emerita (ceca; JtAnt. 418,3; Sall. l,113) y otra la que cita Livio (39,30), pues se trata de una interpretación errónea del imp reciso texto de Livio, que ha hecho que algunos autores sitúen erró neame nte Dipo en la Carpetania, pues se trata con toda probabi lidad de esta misma población del Guadiana tal como se ha indicado (vid. supra). Con imbrigo. 48 (2009) 5-60 24 M . AL:-.1AGRO-GORDEA, P.P. R.wo LLÉS. EG . R ODRiGUEl MAR , Dipo TI\ La segunda subserie de topónimo s en ipo es la más numerosa y en ella dicho elemento tambi én aparece como segundo miembro de compuesto, pero precedido por un "prefijo". Estos topónimos en ipo son A cinipp o, Ronda la Vieja, Málaga (Plin. Ill.t -t; Ptol. n ,4,15, ceca) ; Baesippo, Barbate, Cádiz (Mela n ,96; Plin. III,7,15; Ptol. n,434; It.Ant, 408,1 ); Baicipo, Vejer de la Frontera, Cádiz (ceca), Basilipp o, Cerro del Cincho, Araha l, Sevilla (lt.Ant. 4 10,1; Ra v . 3 16,13); Bevipo?, Alcácer do Sal, Portugal (Faria 1989: 79; id. 1992: 40-41 ; Guerra 1999: 338); Belippo, lugar incierto de Cádiz (Plin. III,15); Blacippo (Plin. lIJ, 15); Callipous (Ptol. n ,5,3); Cantnipo (ceca); Cedripo, cerca de Estepa? (CIL n ,1444); Co llippo (plin . IV. 133; CIL n ,5332); !lip a (Str. 1II,5,9; Plin. m ,l l ; Rav. 314, 17; ceca); llipla (ceca); llipula Magna (Plin. m ,IO); l/ip ula Mino r (Plin. JIT, 12); lrippo, Oeste de Andalucía (ceca); l ulip a, Zalamea de la Serena (C!L TI, p. 326 S.; Tovar 1974: 94 s.); Lacilbula (ceca; CIL lJ 1342; Pto1. 11,3,9); Lacipea, Almadenejos,Almadén (1IAnl. 438,4) ; Lacipo, Cortijo de Alechipe, Casares (Ptol. IT,4,9; Mela TI,94); Olisipo (plin. IV, 1I6;1lAnl. 4 16); Orippo (ceca); Ostippo, Estepa, Sevilla (Plin. ill, 12; I/An/ . 4 1I,3; Ra v. 316. 16); Serippo, Andalucía (PIin. III,14); Serp a (l lAn /. 426,6 ; Rav. 306,6); Sisipo (ceca); Usaepo, Cortijo de la Fantasia, Cortes de la Frontera (Plin. m,I5) y Ventipo (Plin. Ill ,l2). La terce ra serie ya se aparta más de la form a que ofrece Dipo , pue s ipo aparece como primer elemento del compuesto. Esta serie está representada por I I ejemplos: Epora, Montoso, Córdoba (Plin. m ,IO), l pag ru m , Aguilar de la Fr ontera ( It A nt. 4 12,4 ; Ra v. 31 5,1 8) , lpoleobuleula, Cabeza Baja de Encina Herrnosa, Locubín, Jaén (ClL TI,1651), lponuba, Cerro del Minguillar, Baena (Cl L TI,166=5465), Ipora, de localización aún incierta (ceca), lp orca , Constantina, Sevilla (C IL Il .l 046), lpsca , Cortijo de Íscar, Castro del Rio, Córdoba (C IL n ,1572), lpses (ceca, Vila Velha,Alvor), Iptuci, Prado del Rey, Cádiz (Plin, m ,15; ceca; CIL Il,1923) e Ituci, Aldea de Tejada, Escacena del Campo, Huelva (Plin. ill,1 2; ceca; It.Ant .; Ap. lb. 67), aunque debió haber al menos dos pob laciones denominad as !luci. Un análisis de la dispersión de estos topónimos en ipo (fig. 18) perrnite apreciar que' su "zona nuelear" se concentran en Andalucía Occidental, en especia l al Sur del Guadalquivir y a ambos lados del Genil, aunque, sobretodo, des de este rio hacia el Oes te ha sta el Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M . ALMAGRo-GORBEA, P . RI POLLEs, F.G . R ODRÍGUEZ MARTtN, D ipo .P 25 Guada lquivir, que constituye la zona "nuclear A" de Villar (2000: 104106, mapa), que coincide con el área nuclear de la cultura tartésica (Torres 2002: fig. Vll ,2, 4 Y 10; V111, 24, 27, 29, 3 1 y 33; etc.). También aparece un número significativo, aunque menor, al Este del Genil , siempre al Sur del Guadalquivir, zona que Villar denomina "nuclear B" (ibidem) y que se caracte riza porque todos los casos conocidos corresponden a la subserie en la que ipo aparece al inicio del topónim o. Fue ra de es tas dos áreas hay a lgunos otros casos que Villar (ibidem) ha considerado "de expansión secu ndaria ". Dicha expansión comprende ria los topónimos en ipo que aparecen al occid ente del Gua dalquivir, entre los que resulta muy interesante la presenci a de algunos a lo largo de la costa atlántica portuguesa, concentrados en las desembocaduras de l Sado (Callippo/Canlnipo/Bevipo?) y de l Tajo (Olisipo), aunque Collipo se sitúa en la Estrema dura portuguesa, ya al Norte de este rio (fig. 18). Pero también aparece n por los territorios de la cuenca del Guadiana, como evidencian las poblaciones de Dipo, Tu lipa y Lacipaea, e, incluso, existe el posible caso de Lippos que rebasa hacia el Norte el Tajo y el Sistema Cen tral. Además, es de interés que en esta última zona la mayoria de los topónimos son simples, de formación similar a Dipo, lo que hace suponer que se crearan en circunstan cias parecidas y, probablemente, contemporáneas (fig. 18). Si a este hecho se añade que todos estos topónimos ofrecen una situación perifé rica y mucha meno r densidad respecto a la zona nuclea r, se pue de deducir, como ya observó Villar (ibid.) , que deben proceder de gentes originarias de la zona nuclear tarté sica , "la nuclear A" del topónimo, es decir, la situada entre Guadalqu ivir, Genil y Golfo de Cád iz, lo que indicarla el ca rácter de " ase ntam ientos o colonias" tar tésicas de todos estos topónimos en ipo situados en áreas periféricas. La población de la antigua Dipo no se ha podido excavar y, en consecuencia, sus caracteristicas urbanas son desconocidas. Sin embargo, su origen orientalizante queda constatado por los materiales hallados (fig. 10-16) Y su emplazam iento estratégico (fig. l -S), confirmado por su importancia historia y por haber acuñado moneda en el siglo Il e inicios del 1a.C. (Villalonga 1994: S09; Faria 1995: 146 s.; Barnett el al. 1992: 403; vid. infra, fig. 2S-29), todo lo cual indica que debió constituir un importante núcleo urbano del Valle del Guadiana. Conímbríga, 48 (2009) 5-60 26 M. ALMAGRO-G ORBEA, P.P. RIrOL LES, F.G. RODRÍGUEZ MARTÍN, Dipo La identificación de Dipo es de gran importancia para reconstruir los terr itorios de las ciudades-estado del Valle del Guadiana y, en concreto, el extenso territorio que debió controlar esta ciudad (fig. 19). En una zona relativamente homogénea como es el Valledel Guadiana, un primer método de análisis, hasta cierto punto objetivo para precisar los limites teóricos entre los principales oppida y yacimientos prerromanos, es utilizar las lineas de equidistancia de tipo Christaler para formar poligonos de Thiessen, aunque dicha aproximación resulta poco adecuada a la realidad geográfica. Por ello, para ap roximarse objetivamente al tamaño real de los terri torios en cu estión, se deberían valorar y ponderar otros factores, como el tamaño superficial de las correspondientes poblaciones centrales, desconocidos en la mayoria de los casos, y las caracteristicas geográficas del territorio. Si se pretende una aprox imación a la estructura territorial de época orientalizante (fig. 19), el primer hecho evidente, tal como indica la estructura viaria (vid. infra, fig. 21), es que las poblaciones principales del Valle del Guadiana se alineaban a intervalos bastante regulares a lo largo del rio para aprovechar sus feraces tierras, como ya se observó hace años (AlmagroGarbea 1990: fig. 98-99, fig. 12). En consecuencia, desde el Periodo Orientalizante , el Valle del Guadiana aparece dividido en 4 o 5 grandes unidades territoriales o "reinos" (fig. 19), que pueden identificarse con el oppidum asentado en el Cerro de la Mesa, bajo la actual alcazaba de Badajoz (Berrocal 2008), la población ahora identificada como Dipo , Metellinum , que correspondía a la antigua Conisturgis (Almagro-Gorbea el al. 2008a) y Lacimurgi (Sáez 1990; Aguilar el al., 1993), ésta ya en su extre mo orie ntal y fue ra de la zona de las Vegas del Guadiana. En consecuencia, el descu br imient o de Dipo ha permitido precisar el esquema anter iar (Almagro-Garbea 1990: fig. 12), pues esta ciudad debe ocupar el estratégico papel que se atribu ía a L ob ón, situada en su proximidad y con importantes hallazgos arqueológicos (Kukahn 1966 ; Jiménez Á vila y Ortega 2004), aunque no ofrece una situació n estratégic a tan destacada. En consecuencia, el territorio de Dipo quedaria enmarcado entre el oppidum del Cerro de la Mesa en el que se asienta la Alcazaba de Badajo z (Berrocal 2008) por el Oeste y el territorio de Conislurgis-Medellin par el Este. Este marco permite reconstruir de forma hipotética el territorio de Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M. A LMAGRo- G ORBEA, P.P. RI PO LLÉi, EG. R ODRiGUEZ MAR N, D ipo Ti 27 Dipo con cierta precis ión. Por el Este, debió extenderse hasta El Turuñuelo (Jiménez Á vila 1997: 144 s.), que parece haber sido un palacio-fortín situado a cas i 20 km. al Este de Dipo, a unos 11 km al Oeste de Mérida y a más de 35 km de Med ellín, por lo tanto, fuera del territorio de esta última ciudad, cuya frontera todavía en época romana se situaba en Alange; además, El Turuñuelo coincide prácticamente con la mansio de Evandriana en la milla IX de la vía de Emerita a Olisip o, lo que pudiera no ser casualidad (fig. 20), sino una consecuencia de la ' fosilización' de ese límite. Por el Oeste, cabe plantear como hipótesis que llegara hasta la Alcazaba de Badaj oz, situada a 24 km de Dipo y cuyas 5.5 Ha de superficie (Berrocal 1994; id. 2008) permiten pensar que quizás fuera una población 'satélite' que protegeria la frontera occidental del Valle del Guadiana. Por el Norte debía abarcar todas las extensas Vegas Bajas del Guad iana y es pos ible que llegara hasta la ermita de Nuestra Señora de B ótoa, la antigua Budua (Tovar 1974: 222; TIR J-29: 47), cuyo nombre lusitano permite plantear que fuera un santuario limítrofe, como el de Ataecina en Santa Lucía de El Trampal (AbascaI 1995; id. 2002), que también parece situado en un punto fronterizo del territorio de Medellín-Conistwgis (Almagro-Garbea et al. 2008a, p. 1022). Además, Budua controlaba la via que por el rio Zapatón conducia hacia Aliseda, a una distancia de casi 30 km. de Dipo, lo que supondria que su territorio incluía todas las Vegas Bajas del Guadiana. Por el Sur sus limites quedan más inciertos , pero debía limitar con el territorio de Vama, ubicada en Salvatierra de Barros (Ptol. 11,4,11; Tovar 1974:175; TlR J-29, p. 160 s.; Garcia Alonso 2003: 81 s.), que era la ciudad más septentrional de la Baeturia Celtica y que ya queda situada a 39 km de Dipo, por lo que el límite territorial debió estar bastante más próximo a esta pob lación, probablemente por la zona de La Albuera y Solana de los Barros , situadas a unos 15 km. del Guadiana, que ya marcan la transición hacia la comarca de Los Barros perteneciente a la Beturia. Esta estructura territorial dej a suponer que las poblac iones de Dipo y de Conishl1gis-Medellín en el Valle del Guadiana debían ser paralelas pero rivales, tanto en el control de la Vía de la Plata como en la vía transversal Este-Oeste, sin contar los posibles problemas limítrofe s, aunque, en todo caso, la supremacía política en la cuenca del Guadiana parece haberla ostentato Conislwg is-Medellin, la capital de los cornos (Strab. m ,2,2) y la población más importa nte del Guadiana desde el Periodo Orientalizante Conimbriga, 48 (2009) 5-60 28 M. ALMAGRO-GORBEA, p.P R lPOLl ÉS, F. G. RO DRiGUEZ MARTÍN, Dipo . (Almagro-Gorbea el al. 2008a), importancia que debió mantener en la Il Guerra Púnica duran te la presencia en estos territorios de Magón el 210 a.e. (PoI. X,7,4; fig. 22) Y tal como confirma la temprana presencia de Roma ajuzgar por un as del 209 a.e. (Crawford 1974, n° 88,3b), hallado en Medellin (Martin Bravo 1995:142; Haba 1998:155, lám.l,2). Dipo aparece citada por primera vez al enfrentarse a Roma en la acción bélica del 185 a.C, mientras que pocos años después , ConisturgisMedellín aparece como una ciudad pro-romana en el Valle del Guadiana (Almagro-Gorbea el al. 2008a:I033s), pues resulta evidente la postura prorromana de Mede llin, que pasó a ser la base romana de operaciones contra los lusitanos situados más al Norte, por ser un punto de control seguro de las vías hacia Ioletum y hacia Corduba , lo que explicaria que Q. Caecilius Metellus fundara en ella el 79 a.C. Caecilia Metellinum (Galsterer 1971: 14; Tovar 1976: 23 1 s.; Haba 1998: 406 s.; Guerra 2004 : 219 s.), cambiando el nombre de Conisturgis que hasta entonces habia tenido (Almagro-Gorbea el al. 2008). Este cambio de nombre se explicaria porque la antigua población coma de Conisturgis , quizás también con una colonia tartesia (AlmagroGorbea el al. 2008a), debió permanecer aliada de Roma dada su profunda vinc ulación a la Turdctania. Por el contrario, Dipo, su ciudad rival en el Valle del Guadiana desde el Periodo Oriental izante, por su ubicación, por su territorio y por su control de las vías de comunicación , puede considerarse una población orientalizante paralela a Medellin, habitada , como ésta última, por gentes de origen tartesio, aunque rodeada de poblaciones celtas y celtizadas, tanto por el Norte como por su limítrofe meridional en la Betu ria, lo que pudo suponer verse cada vez más imbuida en una creciente celtización y, tras su toma por Sertorio , no sabemos si por la fuerza o, más bien, de forma pacífica, fue destruida por Metelo y se convirtió en una simple mansión de vía romana. En todo caso, la existencia de ambas poblac iones, Dipo y ConisturgisMedellin, permite comprender que el Valle del Guadiana en el Periodo Orientalizante debió estar estructurado probablemente en tomo a estas dos importantes ciudades-estado (fig. 19), con sus amplios territorios y con otras poblaciones menores más o menos 'satélites' en su entorno, ambas, con gran probabilidad, con una sociedad urbana y un sistema político de tipo tartésico, como el documentado en Medellin (Almagro- Gorbea el al. 2008a). Con ímbriga, 48 (2009) 5-60 M. A L MA<lKo-GORBEA, P.P. RIPOlLf;.s, EG. R ODRIGUEL M ARrL~, Dipo 29 7. La situación de Dipo y las vías de comunicación del Vall e del Gu adiana La identificación de Dipo en G uadaj ira ha permitido comprender su situac ión estratégica y el papel que debió tener como una de las más importantes poblaciones tartesias del Valle del Guadiana (Almagro-Garbea el al. 200S). La población de D ip o debía constituir un estrat égico cruce de vías de comunicac ión desde el Peri odo Orientali zante que merece ser ana lizado con atenc ión, pues este hecho confirma su importancia estrat égica en las comunic acione s del Valle del Guadiana, paralela y, probablemente rival, de Medellin (fig. 2 1). Dipo controlaba un cruce de la may or imp ortancia en el siste ma de vías prerromanas que co munic aba todos los territorio s de l Suroes te de la Penín su la Ibérica (Almagro-Gorbea 1977 : 5; id. el al. 200S), entre la llamada " Vía de la Plata" en sentido Sur-Norte, que enlazaba el Golfo de Cád iz y el Valle del G uadalquivir con la Meseta Nort e a través de Extremadura, y la via tran sversa l en sen tido Oeste-Este, que desde el Atlántico alcanzaba el Levante (fig. 2 1). Este armazón viario prerrom ano daría lugar, sig los despu és, a las principales vías romanas (Roldán 1971 y 1975; Fe rnández Co rrales 19S7; Silliéres 1990; Haba 1995: 357 s.; Alar cáo 2006) y ha perdurado en parte hasta nuestr os dias en la red de cañadas ga naderas (García Martín 1990). En efec to, Dip o, además de co ntrolar la vía Es te-Oeste citada, controlaba también un importante vado del G uadiana en direcc ión NorteSur, en el que debe con siderarse como ramal m ás occidental de la "Vía de la Plata", que coma paralelo al que pa sa ba por Me dellín (AImagroGa rbea el al. 200S). Es ta vía arra nca ba del Golfo de Cádiz y, tras pasar por Hasta Regia y Carmo, subía hacia la Baja Extremad ura y penetraba después en la Peníllanu ra Cacereña (Alm agro-Garbea 1977 : 204 s.; Martín Bravo 1999: 12 1 s.), desde la que pro segu ia haci a la Meseta No rte (A lmagro-Ga rbea , 2005). La impor tancia de Dipo y de su vado del Guad iana dependía de su situac ión j unto alrio Guadaj ira, que enlazaba hacia el Surcan el citado ramal occ idental de la "V ía de la Plata". E l orige n de esta vía en el Period o Orienta liza nte parecen co nfirmarlo los diversos topónim os prerromanos que la jalonan, como lporca, en Co nstantina , Sev ílla (Cll, 11, 1046; Tovar 1974 : ISO), que debía contro lar el acceso a Conimbriga , 48 (2009) 5-60 30 M. AL MAGRO-GORBEA, P.P. RJ rDL Lb :S, F.G. R ODRÍGUEZ M ARTÍN, Dip o Sierra Morena, y, ya en tierras pacenses, Curgia/Curiga, en Monesterio (TIR J-29: 73; García Alonso 2003: 78), Laeunis, hacia Fue nte de Cantos (TIR J-29: 97) y Ugultunia o Contributa Julia Ugultina, en Medina de las Torres (TIR J-29: 67; García Alonso 2003: 79), de donde procede una importante figura de bronce orientalizante de Smiting God (AlmagroGorbea 1977: 250 s., lám. 52,a-b), mientras que atravesando la Baeturia por Arueci y la posterior Turobriga llegaba hasta Onuba y también , por Serpa, permitía alcanzar con Laccobriga y las poblaciones del Algarbe. Este ramal de la Via de la Plata ofrecía la misma importancia en dirección Norte, pues alcanzaba, con más facilidad sí cabe, la Penillanura Cacereña, zona de cruce de comunicaciones desde el Norte de Extremadura para alcanzar la Meseta Norte. Tras cruzar el Tajo par Turmogium (Alconétar), se podia utilizar la falla de Plasencia para dirigirse hacia Abula o el pue rto de Béjar hacia Salmantiea (Gil Montes y Álvarez Rojas, 1988), tramo donde estaba situada Lippo, en Valverde de Valdecasa (ltAnt . 434,2), otra pob lación de topónimo tartesío (vid. infra), situada ya en el bo rde de la Meseta Norte en la zo na me ridional de Salamanca, mientras que la Meseta Sur se alcanzaba sin dificultad atravesando el puerto de Miravete y prosiguiendo por Augustobriga, en Talavera La Vieja, población de origen orientalizante (Jiménez Ávila (ed.) 2006), hasta e l territorio de Toletum (fí g. 21). Dipo , además de controlar el ramal occidental de la Via de la Plata, también controlaba otra importante vía, la que de Este a Oeste recorría todo el Valle del Guadiana desde las ciudades marítimas del Atlántico de origen colonial tartesio hasta enlazar con el Levante a través de la Vía Herac1ea (Maluquer 1985; Almagro-Garbea et al. 2008). Esta via , po r el Oeste, partía desde el Atlántico con dos ramales. El más meridional saldria de *Cantipo-Salacia (Alcácer do Sal) y po r Evora alcanzaba el Guadiana en el oppidum de Badajoz (Berrocal 2008), desde donde enlazaba directamente conDipo. El ramal más septentrional partiría desde Olisippo (Lis boa) y Collippo, en San Sebastiáo de Freixo, en la Estremadura portuguesa (Alarcáo 2006), debia cruzar el Tajo par Scallabis, Santarem, población de nombre prerromano de etimologia celta (GarcíaAlonso 2003: 110) con niveles ariental izantes desde fines del siglo VIII a.c. (TlR J-29: 145; Arruda 2002; Tavares da Silva 2005: 751 s.) y alcanzaba el Valle del Guadiana par Budua (Ntra. Sra. de Bótoa, al norte de Badajoz), uniéndose ambos ramales en Dipo. Desde esta Conimbnga.48(2009)5-60 M. ALMAGRO-GORBEA, P.P. R IPOLLÉS, F.O. R ODRÍGUEZ MA Ti"', Dipo R 31 población , proseguía hacia el Este hasta Conis/wgis-Medellin, princip al ciudad de los Conios y de toda la cuenca del Guadia na (Strab. III ,2,2; Almagro-Garbea e/ al. 2008), desde la que proseguiria por Lacimurgi y Mirobriga hasta la región minera de Sisapo , para prosegui r hacia Oretum y enlaza r con la vía de Castulo a Toletum o desce nder hacia Castulo y enl azar en esta ciudad con la Vía Heraclea y, por ell a, alcanzar el Mediterráneo en el Levante o en el Sureste (fig, 2 1). La importancia de esta vía desde elPeriodo Orientalizante se conf rma de nuevo en la n Guerra Púnica (fig. 22), cuando pasó a ser la vía estratégica de comunicación entre los tres ejércitos pún icos que controlaban Hispania el 2 10 a.e., tras la muerte de Escipión el año anterior (Liv. XXV, 32-36). Según refiere Polibio (X,7,4), el ejército de Asdrúbal, hijo de Giscón, estaba en la Lusitania en la desembocadura del Tajo, que cabe identificar con la zona de O/isipo; el ejército de Magón estaba con los conios, a la altura de las Columnas de Hércules, lo que cabe identificar con la zona de Dipo y Conisturgis, la posterior Metellinum, en el Valle del Guadiana ; finalmente, el ejército de Asdrúballuchaba con los carpeta nos, por lo que las tres zonas citadas quedaban comunicadas por esta estratégica vía Oeste-Este. Estos datos concuerdan con los que ofrece Tito Livio (XXVI,20,6), según el cual los gene rales cartagineses se separaron para invernar y mientras Asdrúb al Giscón lo hizo próxim o al Océano y Gades, Magón se quedó in mediterranea max ime supra Castulonensem sa ltum, es to es, por enc ima de Sierra Morena, y As drú ba l, el hijo de Amí lcar, ya lo hizo, según Livio, cerca de Sagunto (fig. 22) . La importancia estratégica de Dipo como centro de control de esta vía se confirma de nuevo pocos años después, el 185 a .C ., al inicio de la conquista romana, cuando a ella se enfrentaron, al parecer con poca fortuna, los pretores e. Calpumio Pisón y L. Quinctio Crispino, quienes, tras haber invernado en la B ét ica, atac aro n Dipo al pasar desde la Beturia por Extremadura para penetrar por primera vez en la Carpetania por la vía menc ionada (Liv. 39,30) y atacar a los hispanos que debían tener en el territorio de Tolet um sus cam pame ntos de guerra, pu es am bos pr etores querían combati rlos conjuntamente. Este reco rrido exi gía atra vesar el vall e del Gu adi ana y pasar por la ciudad de Dipo, lo que confirma que esta pob lación co ntrolaba, junto co n Conistwgis-Me dellín, el paso del Guadiana en este estratégico camino que iba desde el Atlántico y desde la Beturia hasta la Carpe tania (fig . 22) . Conimbriga, 48 (2009) 5-60 32 M. ALMAGRO-GORBEA, P.P. RipÜLLÉS, F.G. RODRíGUEZ MARTÍN, Dipo No hay noticias posteriores de Dipo durante las Guerras Lusitanas, aunque esta población debió seguir siendo una ciudad importante, pues acuñó moneda a fines del siglo II hasta el inicio de las Guerras Sertarianas (Villalonga 1994: 509; Faria 1995 : 146 s.; Barnett et al. 1992: 403; vid. infra, § 9), cuando parecen haber cesado las acuñaciones (Faria 1995: 146 s.), pues Q. Caecilio Metelo debió destrnirlahacia el 79 a.c. según referirí a el episodio fragmentario de Salustio (Hist.frg. 1,113), poco antes de reunirse con sus legiones en Conislurgis-Medellin, población que en esas fechas hacía tiempo que era el cuartel de invierno de las tropas romanas (Ap. lb. 56-57; Ap. lb. 58; id., 68), probablemente por ser la principal ciudad aliada del Roma en el Guadiana, lo que explica que , a partir de entonces, pasara a denominarse Caecilia Metellinum (ptol. 1I,5,6; Plin. Nh. IV, 117; Schulten 1937, p. 173 s.; García Mora 1993, p. 389; Haba 1998: 406 s.; Guerra 2004, p. 219 s.), 10 que evidencia que se habia convertido, definitivamente, en el punto clave para el control de las vias del Guadiana (fig. 23). Estos episodios de las Guerras Sertorianas confirman la importancia es tratégica de es te ramal de la Vía de la Plata que Metelo reforzó al fundar Castra Caecilia el 75 a.c. (Ulbert 1984), precisamente como punto de control de esta vía. En efecto, hace años ya observó Alarcáo (1973: 40) que Dipo, Lacimurgi y la entonces desconocida Conisturgis (Tovar 1976: 209; TIR J-29 : 66), que pasó a ser Metellinum (Alarcáo 2001, p. 311 Y337; Almagro-Garbea el al. 2008a), constituían la línea de ataque de Metclo contra Sertorio, desde la que Metelo proyectó un segundo escalón constitu ido por Castra Caecilia y Vieus Caecilius en tierras cacereñas, mientras que debió establecer el de Caeciliana cerca de Setúbal, seguramente para asegurar su retaguardia marítima. Es precisamente en estas luchas cuando Salus tio menciona a Dipo como validam urbem (1, 113), aunque la ciudad deb ió quedar destrnida en esta guerra, tras la que desaparece como entidad urbana, pues cesan sus emisiones (Faria 1995 : 147), a pesar de haber sido la única ciudad del Guadiana que había acuñado moneda (vid. supra), por lo que , desde entonces, quedó reducida a una simple mansión en la via Olisipo a Augusta Emerita (fig. 19), curiosamente cn práctica coin cidencia con la pertiga de la centuriacíón de Emerita (Rodriguez Marin y Garges 2006: 187, fig. 3), aunque en época romana apenas aparece citada por los itinerarios (lt. Ant. 4 18,3; Rav , 3 14,8), si bien su topónimo guardaba la memoria de su antiguo origen orientalizante (fíg. 20) . Cooimbriga, 48 (2009) 5-60 M . A LMAGRo-GORDCA, P.P. R ¡roLLÉS. F.G. R OOR[ü UEZ MARTÍN, Dipo JJ Todo lo expuesto indica que , hasta su destru cción en las Guerras Sertorianas, Dipo ocupaba una pri vilegiada posición en las fértiles Vegas Bajas del Gnadiana y controlaba un importan te vado de este río en una posición semejante a la que ocupaba Medellín en las Vega s Altas, parlo que ambos núcleos urbanos estructuraban el territorio del Guadiana como puntos de control com ercial y estratégico de las más importantes vías de comu nicación del Suroeste de la Península Ibé rica, tanto con las regione s costeras del Go lfo de Cádiz com o del Atlántico y con las ricas zo nas mineras y ganaderas del Occidente de Hispania a través de la "Vía de la Plata" y de los restantes ramales transversales. Esta interesante es tructura de comunicacione s, junto a las magnificas co nd iciones agro pecuarias de la Vega Baja del Guadiana, explican la acertada elección del asentamiento de Dipo y la importancia de esta ciudad y su territorio en época prerromana. 8. Las monedas de Dipo Los estndios numismáticos sobre Dipo Las monedas de Dip o no son muy habituales. No fue una ceca que tuviera un gran volumen de producción, por lo que sus moned as no resultan frecuentes en las colecc iones ni tampoco en los hallazgos numi smáticos. Además, destaca la gran tosquedad del grabado de los cuños,hasta el punto de que no es segura la interpretación del tipo del reverso, si bien la lectura del letrero con el topónimo nunca ha planteado probl ema s. Las emisiones de Dipo las dio a conocer Delgado (1857: 9) , cuan do cata logó la colección de monedas pertenecient e al diplomático sueco G. D. Lorichs, con el propós ito de ser vend ida. Años más tarde, en su obra Nuevo Método (1871: 132-1 37) se detuvo un poco más cn el análisis de esta ceca , reubicando en ella piezas mal leída s y descritas de obras anteriores. Ident ificó en el anverso una cabeza cub ierta con un casc o, adornado con una cimera marcada por una línea de puntos; la mala calidad del grabado le hizo pen sar en la posibilidad de que quisieran imitar el perfi l de un ave de rapiña (Delgad o 1871: 134-135). El reverso lo describió como una cornucopia, di scutiendo las identificaciones anteriores como carcaj o aljaba, que habí an sido propuestas por Sestini Conímbriga, 48 (2009) 5-60 34 M . A LMAGRo-GORBEA, P.P RIPOLLÉS EG . R ODRiGUEZ MAR . , TíN, Dip o ( 1818) siguendo O 'Cruley, argumentando que este tipo de objeto no podía tener un perfi l curvo. La consideró localizada en Portuga l, en las cercanias de Elvas , co n un a a rg um entac ió n b asad a en su menc ión en los te xto s , especialmen te en el Itin erari o Antonino (De lgado 1871: 136- 137) . Delgado introdujo en el catálogo un tipo con la leyenda retrógrada ( 187 1: 135, n" 7), aunque no lo ilustró por no tener ningún dibujo auténtico a la vista, a pesar de que habia descri to asi la moneda de la Colección Lorich s (Delgado 1857: 9; SNG Stockholm 187); todo hace pensar que Delgado no estaba muy seguro de su existencia. De hecho sólo ha aparec ido uno hasta ahora , aunque la irregularidad y el peculiar trazado de los signos dan pro blemas de lectura. Zóbel de Zangróniz (1880: 185-187) poco añadió a 10 que ya se sabía sobre Dipo, ya que trata esta ceca dentro de la explicación general sobre las de la Ulterior, que agrupó por distritos, colocando a Dipo dentro del Myrtilense. Propuso su localización cerca de Elvas (Portugal), sobre la base de su mención en textos clásicos, en especi al en el Ravennate y en el Itinerario Antonino. Vives y Escudero, en la Moneda Hisp ánica, incluyó a Dipo como ceca 8" del S" grupo que denominó como "Vario" entre las monedas de la Serie Undécima o Latin obéticas (1926: 67 y 105). Según Vives, de esta ceca sólo se conoc en "monedas bárbaras, de arte tan degen erado, que apenas se sabe qué tipos se quisieron representar, sobre todo en el reverso, que tiene algo que puede ser una cornucopia; el día que aparezca una moneda de la la emi sión, se saldrá de esta y otras dudas, como son lectura de epígrafe , etc". Esa la emisión ha sido identi ficada (cal. la), pero su calidad no es tan buena como se esperaba. El valor acuñado seria el as, en el que identific ó una cabeza varoni1 de arte muy bárbaro, , en el anverso, y una posible cornucopia tendida en el reve rso . Ilustró dos piezas, una del LY.DJ ., procedente de la Colección Sánchez de la Cotera (Id., lám . XVC, n" 1), y otra considerada como variante de arte y de mód ulo menor, también de la antigua Co lección Sánchez de la Cotera (Id., lám. XVC, n° 2). En 1950, Anton io Beltrán (1950: 374), consideró a Dipo un ceca "en situación insegura, cerca de Elvas" con cabeza muy tosc a y en el reverso cornuco pia y el nombre de la ceca, que hab ría acuñado grandes y media nos bronces, sigu iendo a Vives (op. cit.). Coninlbriga, 48 (2009) 5-60 M. A LM AGRo-GoRBEA. P .P. RJroLLÉS. F. O. R ODRIGUCZ M ARTi:'f, D ipo 35 Gil Farrés (1966: 350, fig. 77, n" 1271-1272) hizo referencia a la ceca como ubicada en la zona de Elvas ( 1966: 276-279 , fig. 67) , en todo caso, en la margen derecha de l Guadiana. Ident ificó las denominacion es como dupondio y as (id., 283, 29 6) Y las incluyó entre las cecas de clasificación dud osa entre el 67 y el 44 a.C. (id., 294). La identificación de los tipos fue la tradicional, una cabeza humana muy tosca y una cornucopi a horizontal, con la leyenda DlP O debajo . En el lib ro Numismática ibérica, Gua dán ( 1969) no dedi có atención a esta ceca, pero de las tab las en las que expuso de fo rma resumida la producción de la zona en la que la localizó se desprend e que distinguió dos grupos de acuñaciones, uno pesado (Vives 115-1 ) que incluyó en su perío do 3 (206- 133 a.C.) y otro más ligero que supuso sem iuncial que lo enmarcó en su período 4 (133 -105 a.C}, pero de l que no dio ninguna indicación que permi ta identificar el tipo al que se refiere (Guadán 1969: 128 y 134). En su libro La moneda Ibérica ( 1980: 237, n" 9 14) se desdijo de todo lo anterior, lo cual supuso un retroce so, ya que introdujo bastantes errores. Así, unificó toda la produc ción, datándo la desde el año l OOy la época de Augusto. Con poco acierto desc ribió la figura del reverso como una "embarcac ión fluvial hacia la derec ha" y, además, dijo leer la leyenda MVN DIPO en el reverso, lo cual fue un a invención. En el año 1974 , M. Beltrán Llori s publi có un estudio sobre las monedas aparec idas en e l yac imiento de Cáceres el Viejo (Cáceres), de las que cuatro de ellas fueron acuñadas en Dipo. Eran los úni cos hallazgos conoc idos hasta el momento, lo que le brind ó una buena ocasión para examinar y actualizar e l conocimiento de es te tipo de acuñac iones. En cuan to a los tipos optó por identifica r en el anverso una cabe za con casco con ci me ra y en el reverso un a cornucopia. D ivid ió toda la producción conocida en seis grupos, cuyos criterios no explica . En cuanto a la rudeza de los tipos se hace eco de la idea de Vives de que hace falta que aparezc an monedas de buen arte y ante la pregunta que se plantea de si las p iezas de arte bárbaro fueron las únicas que se acuñ aron o formaron la segunda parte de la vida de la ceca, podemos contestar que no debió haber nada de mejor calidad que los cuños de las monedas con leyenda DlPPO (cal. Ia). Fina lment e dedicó atención a la localización de la ceca, recogiendo los argumentos hasta entonces propuestos, basados Conimbriga, 48 (2009) 5-60 36 M . ALMA(i IW -GORBf........ P.P. RWOl.l_ f.G . R ODRíGUEZ M .....ertx , D ipo Es, en los itinerar ios de cam inos y en las fuen tes litera rias, sin decidirse po r la ubicación tradic ional en las pro xim idades de Elvas (Portugal) o por la más reciente de Roldán ( 1971: 155) en Talana, al sur de Badaj oz. Villaro nga (1979: 144 y 155, fig . 392) incluyó a Dipo entre las emisiones de la Ulterior del siglo TI a.C ., y la situó en Portugal, hac ia Elvas y Portalegre. Describió las acuñaciones como toscas, de peso uncial de c. 21,9 1 gr. (2 1 ej emplares), con cabeza viril y cornucopia tendida, y debaj o la leyenda de la ceca . Guadá n ( 1980: 237 , n" 9 14), unificó toda la producción del taller en un solo tipo, que incluyó en el período entre el 100 a.C. y la época de Augusto. El anve rso lo describió como "Cabeza masc ulina hacia la derecha, de arte muy bárba ro y casi irreconocible. Gráfila de puntos" y el reverso como "Embarcación de tipo fluvial hacia la dere ch a. De bajo y en ca rtela, leyenda latina MVN DTrO. Gráfila de punt os gruesos y separados". Sin duda, tanto la identificación de la figu ra del reverso como de la leyenda fuero n inco rrectas. El Corpus de Villaro nga (1994 : 403 ) dedicó un a introducción muy corta a esta ceca, en la que sólo comentó la posibilidad de q ue estuviera localizada en Portalegre (Portugal), un poco má s al norte que la mayor parte de las ubicaciones propue stas, pero la ordenac ión que presenta rev ela la idea que t iene sobre ella. Aunque no se justifica en el libro , es probable que el peso medio de las monedas sea lo que le llevó a fechar la ac uñac ión de estas piezas en la prim era mitad del siglo TI a.C., una époc a quizás demas iado tem prana. Co nsideró toda la producción como una emisió n en la que las monedas con igual tipología y peso má s reducido (CNH 403 /3) las calificó de semi s. En 1995 se ocupó de la ceca de Dip o An tonio Marques de Far ia, quien la con sideró situada en Portugal sigu iendo a la mayo r part e de los numism áticos y aludiendo a la propuesta de J. de Alarcáo ( 1988a, 56) , de situarla en Évo ra Monte (Estremoz) . En los anversos identificó un a tos ca cabeza mas culina sin atributos y en los reversos, una corn ucop ia que, en la mayo ría de los ejem p lares , mue stra dos apénd ices laterales en form a de losange, que Faria (id ., 147) interpret ó como imitacio nes to scas de rac imos de uva s, co mo los q ue suelen ornamentar las cornucopias de las monedas de Valentia (Ripollés Alegre 1988: 5). La diferenc ia de peso que se atest igua entre las distintas monedas la vinculó con la calidad de las acuñ acio nes y no creyó que las más ligeras deban Conímbriga. 48 (2009) 5-60 M . A LMAGR(}-G ORDEA, P.P. R JI'()LLÉS. F.G. R ODRIGUE!. M.ARTíN. Dipo 37 considerarse como semis. La fecha de inicio de la ceca la deduj o Faria del tipo del reverso, que consideró inspirado en las monedas de Valentia del último cuarto del siglo II a.C. (Ripollés, 1988: 63-64), cronología qu e confirmarían las cuatro moned as de Dipo aparecidas en e l campamento roman o de Cáceres el Viejo (Hildebrandt, 1984,264), cuya fecha de abandono se sitúa en c. 95-93 a.C. (Be ltrán, 1973-1974,292293) o c. 80 a.C. (Hild ebrand t, 1984, 278-280 , 297), lo que le llev ó a fechar los ases de Dipo a fines del siglo ¡¡ a.e. o en las primeras décadas del T a.C. Un dato comp lementario que man ejó en esta discusión fue una supuesta reacuñación de un bronce de Dipo (Faria, 1987: 26) so bre una pieza atribuida a Castu lo (CNH 339170). No obstante, discrepam os de la interpretación de esta reacuñ ación, ya que creemos que se trata de una p ieza de Dip o que fuc reacuñada por Castulo . Estamos de acuerdo en la identidad de las cecas involu cradas, pero vemos que los diseños de Castulo sólo han modifi cado parcialmente la pieza de Dip o, porque el cuño móvil ejerció la presión sólo en una parte de l cospe l. En el anverso de Dipo se aprecian algunas letras y parte de los labio s y la barbilla del retra to de Castulo y en el rever so parte del man to de Europa y la parte de detrás del toro. Esta nue va ide ntificaci ón cam bia sustancialmente las cosas, porque ya no es necesario forzar la antigüedad de la pieza de Castulo ni proponer una cronologia del siglo I para la produ cción de Dipo. También Ripoll és ha aceptado implíc itamente la ubi cación numi smática tradicional de Dipo en la zona de PortugaL (CNH , p. 403 ), localización que se mantiene en obras posteriores como el Catálogo de la Real Academia de la Historia (Ripollés y Abascal2000: 92, mapa 3), que ofrece 2 ejemplares de 10,8 1 y 16,25 gr, este último fragmentado (id. , n" 4 1Oy 41 1) Yotra del Catálogo de las Mo nedas Hisp án icas de la Bibliot éque nacional de France (Ri po llés 2005, n° 510), de 16,50 gr. Chav es Tris tá n ( 1998: 28 0-28 1), en su cap ítu lo so bre las amonedaciones de las cecas latinas de la Hispania Ulterior, publicó un comp leto estad o de la cuestión sobre esta ceca. Aludió a la supuesta localización en Elvas (Portugal), siguiendo la op inión may oritaria, y definió las caracterí sti cas tipológicas de las monedas co n detalle, identificando el tipo de reverso com o un a co rnucopia de la que salen dos apéndices qu e terminan en u n rom bo co n un punto en medio, Conimbriga, 48 (2009) 5-60 38 M . AL~iAGRo-GOR[) CI\ . P RIrOLLÉS, f.G. RODRÍGUEZ M ART i~, Dipo .P. admiti endo la posibi lidad, siguie ndo a Faria , de que estén representando racimo s de uva simplificados. Puso en cuestión que realmente se trate de una emisión formada por dos denominaciones y propuso la posibilida d de que fueran dos emisiones distintas y que hub iesen sido emit idas en mom entos diferentes, lo que en su opinión justificaría el uso de los mismos diseños, pero con pesos más ligeros. La sep aración de la producción en dos emisiones le permitió proponer que las piezas má s pesadas pudieron haberse acuñado en el siglo ¡¡ a.e. y la emisión má s ligera en un momento "avanzado" del siglo 1 a.C. La fecha final es tá med iatizada por la aceptación de la supuesta reacuñación de Dipo sobre Castu/o. García-Bellido y Blázquez (DCPH 11, 111-11 2) consideran que la local ización de Dip o es incierta y dan cuenta de todas las opc ione s propuestas, Evora Monte, Elvas, Juromenha, Talavera la Real O la Carpetania. La producción monetaria la agrupan en dos denom inacion es, dup los y unidades, para las que proponen una cronología posterior a Sila sobre la base de los hallazgos en Castra Caecilia y de la reacuñación de Dipo sobre una pieza de Castulo con reverso Europa sobre un toro , pero ya hemos comentado que esa reacuñación lo es de Castu/o sobre D ip o , por lo que este dato no puede admitirse en la argumentación. En cuanto a las leyendas, adv ierten que en algunos ejemp lares la inicial del topónimo pudiera ser una B, pero esta posibilidad fue rechazada por Faria (2003: 2 19), aduciendo que no se conoce ninguna moneda con la leyenda BTPO, y nosotros tampoco la hemos visto en las piezas qu e hemos examinado, por lo que creemos que esa lectura es inex istente. Sobre los tipos que utilizaron, en el anverso señalan la existencia de un retrato masc ulino con cimera o con un halo formado por un semicírcu lo de puntos; el tipo de reverso lo encuentran más dificil de identificar, aunque en los duplos proponen con dudas que sea una cornucopia y en las unid ades afirman que lo es. Los tipos En el anvers o muestran un retrato masculino muy tosco, que desde la parte superior hasta la nuca va rodeado por un semicírculo de puntos. Esto ha motivado que se interprete como que el retrato lleva casco del Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M . A LMAGRO-GoRRH A, P Ri POLLEs , EG. R ODRiGUEZ MARr iN, Dipo .P. 39 que el semicírculo de puntos seria la cimera (Delgado 1871: 134; M. Beltrán Lloris 1974 : 289; DCPH Il, p. 111 ). En algunas monedas bien conservadas se aprecian pequeños puntos globulares y trazos alargados en la cabeza que podrían representar mechones, por lo que no es seguro que la cabeza vaya cubierta con un casco. En algún cuño (cal. Ic) , el semicírculo de puntos termina detrás de la cabe za con tres de ellos formando un triángulo. El estilo de los retratos es rudo desde el principio y, conform e avanza el tiempo , ahonda todavía más en el esquematismo y la deficiente ejecución del grabado . De todo s los cuños conocidos, los que presumiblemente llevan la leyenda de reverso DII'f' O (cal. l a) son los que alcanzaron un mayor nivel de calidad, lo cual, unido a su singular leyenda, permite proponer que éstas fueran las primeras monedas acuñadas por la ciudad; estas monedas son las que Vives (1924: 105) esperaba que aparecieran algún día y que aclararan las dudas sobre sus tipos y epigrafia, porque todas las que conocía eran de estilo bárbaro, pero está bien claro que las expectativas de mejora en el diseño y factura no se han cumplido. La única diferencia apreciable en los anve rsos es la corona vege tal esquematizada que rodea al retrato en la últíma emisión (cal. 2; CNH 2). Por lo que respecta al reverso, compart imos las dudas que siempre se han manifestad o sobre la identificaci ón del objeto representado. La cornucopia ha sido la opción por la que se han inclinado la mayor parte de los investigadores que se han ocupado de las monedas de Dipo (véase supra el apartado Los est udios numismáticos sobre Dipo)' Admitir que se trata de una co rnucop ia im plica ace pta r un elevado gr ado de esquematizació n de las figuras, ya que incluye dentro de este tipo de objeto una form a que resulta bastante anómala, po r cuanto carece de los frutos que normalm ente asoman por su boca, aunque en algunos cuños, especialm ente del tipo cal. 2 (CNH2), se aprecian unas líneas que salen de la parte central de ella. No obstante, si tenemos en cuenta que también es bastante esquem ático el retrato del anverso , entonces hay que considerar esta posibilidad, aunque la decoración de compartimentos cuadrados que muestra en algunos cuños no parece que sea la más adecuada para una cornucopia. Tampoc o la esquematización en forma romboida l de lo que normalmente se ha considerado un raci mo de uva parece que sea la que cabría esperar. Asi pues, aunque es prob able que el objeto repre sentado sea una cornucopia, existen argum entos que Conímbriga, 48 (2009) 5-60 40 M. ALMAGRO-GORBEA, P.P Rl t>OLI.ÉS, E G. ROUldoUEZ M ARTíN, Dipo . introducen duda s para ace ptar sin reserva s esta identificación . La enigmá tica decoración de rectángulo s y líneas, que es visible en reversos del tipo cal. I e, con leyenda DILJO, nos ha llevado a encontrar una cie rta similitud con la que muestran algun as vainas de puñal, aunq ue la curvatura que presenta el objeto no acaba de apoya r esta posibili dad (véase dos ejemplos en Quesada 1997: 280, fig 164, IV y VI). La figura del reverso también ha sido identificada como una aljaba o carcaj . Fue propuesta por O' Crouley y Sestini, pero Delgado (187 1: 136) discrepó de esta identifi cación alegando que una aljaba no podía tener un perfil curvo. Recientemente, Gómes ( 1998: 39-42) ha vue lto a proponer la idea de que se trata de una aljaba. No nos parece desatin ada la alegaci ón de Delgado y descartamos la posibilidad de que lo sea. Metrología Los pesos de las moned as son muy irregulares, en consonancia con el escaso cuidado puesto en la elaborac ión de los cuños y en el proceso de acuñac ión. Del examen de la muestra que hemos recopilado se desprend e que los tipos CNH 1 Y 3 (cal. 1) constituyen dos o m ás emisiones, entendidas éstas como momentos de acuñación separados en el tiempo, y que las monedas del tipo CNH 2 (cal. 2) forman una nueva emisión diferenciada de las anteriores, siendo probabl emente la ú ltima que acuñó la ciudad. La exis tencia de monedas con los mismos diseños (CNH I y 3) (cat. 1), pero con pesos muy dispares ha motivado que hayan sido consideradas bien como una emisión con dos tipos de deno minac iones, unidades y mitades (CNH : 403) o duplos y unidades (DCPH ll: l l l 112), o bien como dos emisiones acuñadas en momentos diferentes, la primera con un peso medio uncial y la segunda con uno supe rior al semiuncial (Guadán 1969; Chaves 1998: 281, con dud as). Villaronga distinguió los tipos I y 3 con criterios de módulo y peso. Pero el problema que se plantea es si los criterios para hacer esta distinción son suficientes y adecuados para decidir qué monedas pertenecen a un tipo y cuá les al otro, ya que no se ha pub licado un estudio de cuños. Efectivamente el conj unto de monedas recop iladas mue stra dos concentraciones, aunque no lo suficie ntemente numerosas y claras, sobre todo en lo que respecta Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M . Ar.MAGRO-GORBl!A, P.P. R II'OLI,ts , f. G. R ODRíGUEZ M ART fN, D ipo 41 a la más ligera (CNH 3; cal. le) , que sugieren la existencia de dos poblacion es de monedas, una más pe sada que estaría articulada en torno a un peso medio de 23,71 g (cal. la, b) y otra más ligera en tomo a 16,37 g (cal. Ic, d). Esta posibilidad parece estar avalada po r el hecho de que las monedas con leyenda DI00 son generalmente má s pesadas que las que muestran la leyenda DlLJO y un retrato de ejecución más grosera, con tres o dos punt os detrás de la cabeza, al final de la línea semicircular de punto s. Pero no es menos cierto que en ambos grupos existen monedas que invaden el margen de pesos en los que se encu adran cada uno de ellos. Asi, las monedas más pe sadas del grupo cal. I c (CNH 3) lo son más que las más ligeras del grupo cal. 1a-b (CNH 1). En consecuenc ia te ndríamos un pri mer gr upo de monedas , resultado de la producción de varios cuños dc anverso y de reverso, con un peso casi uncial (CNH 1) (cal. l a· b), con el que la ciudad comenzó sus emisiones y que podríamos concept uar como unidades; dentro de este grupo la acuñac ión se iniciaría con los cuños de las monedas cal. 1a. Le seguir ía un segundo gru po, a nuestro ente nde r también de unid ade s, que mantuvo sin mod ificación los tip os anteriores, pero acuñ ado con un peso medio más ligero, que parece concentrarse en torn o a 16,37 g (cal. 1e). El grupo de piezas que muestra la cornucopia tendida a dcha. (cal. Id) debería, prob ablemente, relacionarse con el grupo Ic si tenemos en cuenta el peso medio y la decoración de compartimentos rectangulares y líneas de la cornucop ia. Y finalmen te un tercer grupo, de peso semiunc ial (14,33 g), que reuniría las piezas del tipo CNH 2, que son fácilmente reconocibles porque muestran un retrato dentro de una corona vegetal esquemá tica, la corn ucopia está oríentada a derec ha y con una forma diferente, así como por llevar la leyenda Dff'O sin cartela. Continuarían siendo unidades, aunque desconocemos cómo serían valoradas en relación con las anteriores que pudieran quedar en circulación. Esta ordenació n seria a grandes rasgos la que pensa mos que mejor encaja con la información disponibl e. Las monedas del tipo cal. 1e (CNH 3) no serían contemporá neas de cal. l a-b (CNH 1), sino consecutivas, sin que probablemente hubiese pasado mucho tiempo entre el cese de una y el inici o de la otra; en realidad pensamos que CNH 3 es la suces ión de CNH 1, en la que se ha disminuido su peso estánda r. Distinto es el Conimbr íga, 48 (2009) 5-60 42 M. A LMAGRO· G ORBEA, P.P. RfPOLLÉS, F.G. RODRÍGUEZ MARTíN, Dipo caso de cal. 2 (CNH 2) que pudo ser la última emisión acuñada por la ciudad. Está bastante desvinc ulada estilísticamente de cal. la-b (CNH 1), su peso es más reducido y tampoco guarda relación con cal. Ic-d (CNH 3), mientras que entre cal. l a-b y l c-d (CNH I y 3) parece que se dé una mayor proximidad de estilo y de fabricación . Leyendas La mala calidad de los cuños empleados , así como la deficiente conservación de la mayoria de las monedas ha dificultado la lectura de sus leyendas. Estas circunstancias han favorecido la tendencia a repasar y reavivar las figuras y la leyenda de un buen número de monedas , lo que ha hecho que éstas sean inservibles para el estudio de las leyendas y de los cuños. Aunque todavia subsisten dudas, en la muestra reunida hemos identificado con desigual seguridad cuatro tipos distintos. 1.011'1'0, dentro de una cartela. Esta leyenda la encontramos en las monedas del tipo cal. la. Las cinco piezas identificadas aportan desigual información por su deficiente estado de conservación. La monedaANE 4-511959, lote 73 (~cal. la-2) es en la que mejor se aprecia esta leyenda y en el resto o no es posible o hay dificultades para ello. La pieza TVDJ 2291 (= cat la-I) comparte el cuño de anverso con la anterior y posiblemente también el de reverso, aunque no estamos seguros, porque las partes mejor conservadas en cada una no coinciden lo suficiente. En ella no es visible la parte central, por haber un hueco en la superficie del metal, pero la distancia a la que se encuentran las letras inicial y final sugieren la existencia de dos letras P. La geminación de la P no resulta anómala, como ya hace tiempo señaló Delgado (1871 : 137), ya que la labial en otras ciudades cuyo topónimo incluye el final ipo, en ocasiones también lo escriben con una o con dos P, como Orippo, Baicipo o Ventipo (Villar 2000: 87-89). 2. DlrO, dentro de una cartela o sin ella. Es la forma más usual de nombrar a la ciudad en las leyendas . La encontramos en algunos cuños del tipo cal. ¡ b (CNH 1), dentro de una cartela, y en los de cal. 2 (CNH 2), sin cartela . 3.DILJO, dentro de una cartela. Es la única variante que puede señalarse, además de la retrógrada, pues el resto de ellas no es seguro Conimbríga, 48 (2009) 5-60 M. AL MAGRO-GORllEA, P.P. RJpO LLÉS, F.G. RODRíGUEZ MARTÍN, Dipo 43 que existan y es probable que se trate de malas lecturas derivadas de su mala conservación o ser producto de manipulaciones y retoques actuales, como es el caso de la pieza ¡VD] 2295. 4.179'Tg Esta leyenda retrógrada la hemos podido leer sólo en una pieza (cal. Id-59). Posiblemente se trata de un error del grabador, pues la cornucopia está tendida a derecha, cuando la posición en las primeras emisiones es a la izquierda. Nada importante en un contexto en el que las monedas son de mala calidad artistica y de fabricación y en el que la capacidad de lectura de sus usuarios debió ser bastante limitada. La leyenda Dlrro /DlrOcorresponde a un topónimo que contiene el elemento ipo precedido de un prefijo (Villar 2000 : 87-118, con un amplio comentario sobre topónimos con el elemento ipo). De acuerdo con la ordenación que proponemos, la consonante labial P se utilizó en primer lugar geminada e inmediatamente después de forma simple, que es, como ha visto Villar, la que predomina en la epigrafia; de ser cierta esta ordenación, su secuencia favoreceria la evolución ippo > ipo, en un proceso de simplificación que podria estar representando dos momentos fonológicos distintos (Villar 2000: 88). Sobre el significado de este topó nimo, Villar (2000: 115-117) se inclina por la hipótesis tradicional que considera que ipo pudo ser un apelativo que significara ciudad en la lengua que creó este tipo de sintagma toponimico. La dispersión de las monedas La producción monetaria de Dipo fue limitada. El número de cuños que se utilizaron fue escaso y estimamos que para la totalidad de la producción no debieron utilizarse más de 8 9 de anverso. Esta es una estimación que más o menos coincide con los 11 cuños que propuso Villaronga para toda su producción (Villaronga 1990: 23), lo cual justifica la rareza de monedas de las que se conoce su procedencia. No obstante, los hallazgos conocidos se encuentran localizados en un área bastante delimitada (fig. 24). Una pieza del tipo cal. Id procede de Hornachuelas (Ribera del Fresno, Badajoz) (Jiménez Ávila 1990: n° 137) y cuatro de los tipos cal. Ib-c del campamento de Cáceres el Viejo (Cáceres) (Beltrán Lloris 1974). ó Conimbriga, 48 (2009) 5-60 44 M. A UvlAGRO-GORBEA, P.P. Rtro LLÉS, F.o. RO DRÍGUEZ MARTÍN, Dipo Esta relativa escasez de hallazgos , si bien no ha contribuido a dar prelación a ninguna de las localizaciones propuestas, si, al menos, ha reforzado la seguridad de que la ciudad de Dipo se encon traba en la actual Extremadura, sin poder precisar en qué lado del rio Guadiana, aunquc los hallazgos conocidos abogan por la parte española. Dentro de esta tremenda escasez, los recientes hallazgos de m on edas documentados por Germán Rodrigucz Martin y José Manuel Jerez Linde cobran una especial relevancia y permiten, junto con otros argumentos, proponer su localización en la zona que en la actua lidad ocupa el pueblo de Guadajira (Badajoz) , constru ido sobre el solar de la pob lación originaria de Dipo (vid. supra). A continuación, se ofrecen los hallazgos hasta ahora localizados de monedas de Dipo , todos los cuales apuntan a la ubicación propuesta para Dipo en Guadajira, Badajoz (fig. 24) : 1 El Cuco, Guadaj ira (Badajoz). Not icias de l hallazgo en esa zo na de la Vega situada de bajo de l pueblo de Guadaj ira de unas 10 monedas en fec has dis tin tas (G. Rodríguez Martín , comun icac ión personal, 2007). 2 Villa romana de las Vegas de "Pedro Franco", situada cerca de "El Cuco", pero algo más al Este, Guadaj ira, Badajo z, a 38" 51' 28" Norte y 6" 40' 42" Este (fig. 17 y José Manue l Jer ez Linde, comunicación personal, 19.4 .200 8). 3 Igles ia de Lobón , Badajaz. "La rnayorparte de la numismática de la ceca de Dip o ha surg ido en las tierras de Lobón (puede tratarse del lugar citado como n° 1),... las obras de la iglesia arrojaron elementos ... numismáticos ... de la mít ica Dipo .. (bttp· Uwww lagJlja es/poblaej on php/proyjn cia =13--'ldajuzipoblacion-lobon/dQUd..e..= 2QS1). 4 Lobón (Badajoz). En su terr itorio y alrededores se han loca lizado gruesas y pesadas mo nedas con cara y cornucopia muy rústicas y el epígrafe DIPO (httn.JL W\Vw eeltiberja nerzverrespuesra.aspvídp-cü 1O; aunque puede tratarse del lugar citado como n'' 1) (fig. 17b) 5 Almcndralejo (Badajoz): 1 moneda (Rodrígue z Casanova 2007 : 227) 6 Hornachuelos (Badajoz): 1 moneda (Jiménez Ávila 1990: 55, n'' 137, de 10,80 g r.; Rodríguez Casano va 2007: 227) 7 O livcn za, B a d aj oz: no t icia im p r e c i sa (http://w ww.ce ltiberia n et ve rre s pues ta asp'?jdp- 90lD ). 8 Badajoz: noticia imprecisa (http: //ww w.ce ltiberia.nel/verrespuesta.asp3idp..=2.Ql.Q pa rece otra refe rencia más impr ecisa del n" 1). 9 Vegas Bajas del Guadiana (Badaj oz) : notic ia imprecisa (h ttp://www.celtiber.ia..nctL ycrrcspll csta asp' ?jdp.=90JO, puede ser otr a referencia imprec isa del lugar citad o como n" 1). 1O Elvas , Portug al: no tic ia im prec isa ( http...: Lé.\Lww~cdtiheria. ne t /verre spues1a. asp?j dp-9( 10). Conlmbrigu, 48 (2009) 5-60 M. ALMAGRo- GORBEA, P.P RiPOl LÉS, EG. R ODRiGUEZ MA TíN, Dipo . R 45 11 Enel oppidum prerromano de Segobía, Elvas, Portugal, se encontraron numerosas monedas de co bre con la le ye nda Dippo : (h11¡LLIw.w..w..rn.ti.he~e.1L vem:s¡>uWa.JlSp1id¡E9JllQ). 12 Campo Ma io r ( Por tug al) : no tic ia imprec isa =p ll.<slaJlsr>lidP~9-º1Jl) (ht.1¡lJ/~ .ill.tibe.L.iJL.ne..1L 13 Estcna (Sierra de San Pedro, Cáceres): noticia imprecisa (httpJL wwE.Cclti1Kria.n.etL =p= as¡ilidp ~2illJl ) . 14 Campamento de Cáccres el Viejo: 4 monedas (Hildebrandt 1984: 264). Cronología El argumento más dete rmi na nte a la ho ra de es tablecer la cronología de la producción de Dipo descansa sobre cl hallazgo de cuatro monedas en el yacimiento de Cáceres el Viejo, ident ificado como cl campamento de Castra Caec il ia. Las cuatro piezas son un a buena representación de Dipo. La p ieza Beltrán Lloris 225 pertenece al tipo cal. l b (CNH 1). La n0226 corresponde a un cuño evolucion ado del tipo anterior. La n° 227 es una variante, posiblemente consecuencia de un erro r de grabado, ya que la cornucopia está dispu esta en direcci ón contraria a como se había hecho hasta ahora (cal. Id). Por últi mo la n" 228 es un cuño tardío dentro del grupo cal. 1e (CNH 3), que se caracteriza por un anverso que muestra un grabad o más grotesco y un reverso con un trazado anómalo de la leyenda toponím ica cn la fo rma DlLJO y la corn ucopia decorada. Del tipo cal. 2 (CNH 2) no han aparecido monedas en Cáceres el Viejo, lo cual podría interpretarse com o que todavía no habían sido acuñadas, aunque el hecho de que todas las monedas de este tipo puedan proceder de una sola parej a de cuños (esa es la impresión que tenemos) debilita esa argumentación. No hay incon veniente cn adm itir que ya se habian acuñado y que no han aparecido porque simp lemente no llegaron; pero tampoco lo hay para pensar lo contrario , que sean poster iores. Ambas posibilidades son admisibles mientras no con temos con datos más seguros. Por tanto, la secuencia que proponemo s, basada en el aspecto dc las monedas (gra bado, peso, módu lo y forma de los flanes) y en los hallazgos de Cáce res el Viejo , es la de cons iderar las monedas del tipo cal. l a-d (CNH 1) com o el grupo con el que se inició la acuñac ión en Dipo. Dentro de este grupo las primeras monedas acuñad as fueron Conimbriga. 48 (2009) 5-60 46 M. ALMAGRO-GORI3EA, P.P. R!roLLÉS, F.G. RODRíGUEZ MARTíN, Dipo posiblemente las que llevan el topó nimo con la forma D1rrO(cal. l a); de hecho , son las piezas que se fabricaron con los mejores cuños de todos los que Dipo utilizó a lo largo de su producción. Seguidamente se acuñaron las piezas del tipo cal. lb, similares a las que ilustran CNH I o Vives 115-1. La producción continuó, quizás con alguna interrupción, con cuños de peor calidad, especialmente visible en el retrato (cal. Ic), como la pieza ilustrada en CNH 3. Por último, creemos que se emitió el tipo cal. 2 (CNH 2), que con respecto a las acuñaciones anteriores introdujo algunos detalles menores, como la corona vegetal o la leyenda sin cartela, que consideramos suficientes para considerarla desvinculada de las anteriores. Si proponer una ordenación de las emisiones de Dipo es complejo, bastante más es dar una cronologia absoluta, aunque sea aproximada. Las dataciones sugeridas han sido la primera mitad del siglo TI a.C. por Villaronga (1994: 403); de los hallazgos de Cáceres el Viejo, Hildebrand ha propuesto los años 155/146 - 116/91 a.C. para las piezas del tipo cal. lb y 141-116 a.c. para las del tipo cat Ic-d (Hildebrandt 1985: 29 1292, cataloga dos monedas como tipo Vives 115-2, pero de ese tipo de piezas no ha aparecido ninguna , por lo que debe referirse a la monedas del tipo cal. 1c-d); Faria sugiere el periodo comprendido entre fines de l siglo TI a.C. e inicios del 1 a.C. (Faria 1995: 147; Faria 2003: 219); el siglo II a.C. y un momento avanzado del siglo 1a.C. ha sido la propuesta de Chaves (1998: 281) para cada una de las dos emisiones que supone que existieron; por último, Garcia-Bellido y Blázquez (DCPH 11: 111112) se inclinan por los comienzos del siglo 1 a.C. Las crono logias más bajas están mediatizadas por una supuesta reacuñación de Dipo sobre una pieza de Castulo con reverso Europa sobre toro, que por su ausenci a entre los hallazgos del yacimiento Cáceres el Viejo, cabe la posibilidad de que fuera emitido en época post-sertoriana. Pero como ya hemos comentado anteriormente, no creemos que la reacuñac ión haya sido bien identificada y pensamos que es justo al revés, que se trata de un a reacuñación de Castulo sobre Dipo, Sobre las reacuñaciones reposan algunos argumentos cronológicos de las monedas de Dipo, pero tenemos la impresión de que hemos aceptado fácilmente lo que deberia haberse exami nado mejor, y hast a dudamos de la fiabilidad de las reacuñaciones que hasta ahora han sido publicadas y recogidas en los diferentes estudios, entre ellos el que uno Conimbriga, 48 (2009) 5-60 M . ALMAGRO-GORBEA, P.P. RI POLLÉS, F.O. R ODRÍGUEZ M ARTÍN, Dipo 47 de nosotro s publicó (Ri poll és 1995 : 289-296). La de Murtili sobre Dipo (S de C 6 12), que Chaves (1998: 28 1) atrib uye al !VDJ, no la hem os identificado en el catálogo de la colección y tampoco lo hiciero n GarciaBellido y Ga rcia (1986), y dudamos que lo sea, dad o que más parece que esté dobl em ente acuña da. La otra reacuñ ación, la de Dipo sobre un a pieza de Castulo, seg ún Faria ( 1987), pero identificada y publ icada inicialmente como sobr e Untikesken por Cardoso y Salgado (198 7 ~ Go mes 1998: 40) , creem os que no ha sido bien identifi cada, ya que, co ntrariamente, creemos que se trata de una reac uñación de Castulo sob re una pi eza de Dip o. uestra impresión es que las emisiones de Dipo pudieron iniciarse en la segu nda mita d del siglo II a.e., quizás en su últ imo cuarto y perd ura ron durante el sig lo 1a.e., siendo posibl e que las monedas del tipo cal. 2 (~ CNH 2) fuer an po st-sertorianas, aunque los datos disponibles no lo hacen nece sario. Catálogo' (fig . 25-29) Fines del siglo II - inicios del 1 a.e. 1. AE. Unidad . 34-28 mm . 20,56 g (52 ejem plares). CNH, p. 40 3, n" 1, 3. Vives, lám . CXv, l. A nv. Cabeza masculina, a dcha.; co n un semi círcculo de puntos que se inicia sobre la cabeza y termina a la altura de la nuca. R ev. Cornucopia, tumbada a izq.; debajo, en carte la, leyenda DIf'f'O , DIf'O oDllJO . a. Leyenda Dlf'rO en cartela y cornucopia a izq . 34 mm. 26,88 g (4 eje mplares) 1* I VDJ2 29l. 27, 57 g, 7 h. 2* ANE 4- 5/1959, lote 73 (= S de C 220). 3* Ex col. Vila Casas (arc hivo Villaronga). 25,2 g, 12 h. 4 * Co l. J. Rodr igues Ma rinho (Lisboa) (= Gomes 1998: 40, n" 2.02) , 30, 14 g (arc hivo A. M. Faria lO). 5 Ex col. Martínez Bilbao (archivo Villaronga). 24,60 g. \ Agradecernos la colaboración prestada por L. Villaro nga, A. M. Faria, C. Marc os, P. Otero, M. Campo en la confección de este catálogo. Tambié n agrade cemos de forma general a todos los colegas y coleccionistas que nos han facil itado informa ción. Conimbriga, 48 (2009) 5-60 48 M. ALMAGRo-GaRB EA, P.P. RrpOLLÉS, F.G. R ODRlGC EZ M ARTí N, Dipo b. Leyenda DI('O en cartela y cornncopia a izq. 34-30 mm. 23,71 g (23 ejemplares). 6* l VDJ 2290. 33,93 g, 7 h. (~S de C 219 = Vives, lám, CXV, 1 = DCPHIl, ll2, 1"-1). 7* Vico 13/ 1111997, lote 40.23,20 g (~CNH, p. 403, n° 1). 8* Col. G. Corcs (Madrid). 22,2 g, 8 h. 9* Aureo 7/3/2001, lote 188.17,82 g. 10* BM ex Buckler (1914). 31,04 g, 4 h (= SNG BM 1650) II SNG Cap 124.20,39 g, 11 h. 12 Ex col. Cardim (archivo Villaronga). 28,20 g, 3 h. 13 FNMT. 25,907 g, 5 h. ]4 Herrero 311987, lote 64. 30,97 g. 15 Ex col. Domenech (archivo Villaronga). 22,3 g 3 h. E l cospel está incompleto. 16 Ex col. Serra (archivo VilJaronga). 17,10 g, 6 h. La leyenda del reverso ha sido retocada. 17 M. Cáceres, hallada en Cáceres del Viejo, 23, 12 g (~ M. Beltrán 1974: 225 ~ Hildebrant 1984: 137). 18 M. Cáceres, hallada en Cáceres del Viejo, 15,76 g (~ M. Beltrán 1974: 226 ~ Hildebrant 1984: 139). 19* Vico 10/6/2004, lote 32 (=Aureo 3/3/2004, lote 1141). 40,05 g. 20* Col. Privada (archivo A. M. Faria 6). 2 ] * Aureo 1811 011 994, lote 46 .19,83 g. 22* BM ex Bal dwin (1956) . 22,50 g, 12 h (~ SNG BM 165 1). 23* S de C 222.22 g (~GMI914) (foto archivo A. M. Faria 5). 24* Pliego 7/3/2001, lote 70.22,28 g. 25 Vico 16/3/1999, lote 26.16,80 g. 26 Aureo 28/5/2002, lote 104 (= Aureo 28/4/2004, lote 2275 = Aureo 15-1611 2/2004, lote 3226). 21,29 g. 27 Herrero 4/4/2002, lote 28. 26,04 g. 28ANS HSA 1001.1.23651 (ex Cervcra). 19,13 g, JI h. c. Leyenda DILJOen cartela y cornucopia a izq. 16,47 g (25 ejemplares: e + d). 34-28 mm. 29* FNMT. 22,83 g, 3 h. 30* Royal Coin Cabinet, Estocolmo, ex Lorich. 2J,47, 7 h. ( ~ SNG Stockholm 187). Conímbriga, 48 (2009) 5-60 M. A B 1AGRO-GORlJEA, P.P. R IPO LLES, EG . R ODRiGU12 MARTiN, Dipo 49 31 MA N 2.6363. 14 g. 32* S de e 22 1 (~¡VDJ 2293) . 33* lVDJ2294. 13,73 g, 6 h. 34 Herrero 19/5/2005 , lote 50. 28,6 1 g. 35 MA N 2.636 1. 15,33 g. Da la impresión de que se reacuñ ó sobre un a pie za de ü bu!co. 36 MAN 2.6359 . 21 ,19 g. 37* Co l. Privada. Barcelona. 38* Col. Privada (arc hivo A. M . Fari a 7) . 39 MAN 2.63 60. 13,79 g. 40 Herrero 9/6/2004, lote 51. 19,42 g. La figura y la leyenda del rev erso pa recen haber sido reavivados. 4 1 Pliego 22/4/2004 , lote 117.2 1,2 1 g. 42 Aureo 21/10/1997 , lote 96 1. 17,47 g. 43 Aureo 30/412008, lote 213 3. 13,8 1 g. 44* Aureo 5/3/200 3, lote 1043.17,79 g. 45 Villaronga 1994 : 403 , n° 3. 13,4 3 g. 46 Herrero 17110/19 91, lote 26. 13,78 g. 47 Herrero 15/1 1/200 6, lote 37. 18,60 g. La leyend a parece haber sido retocada. 48 Aurc o 26/4/2006, lote 2144. 11,48 g. 49 Aureo 21/10 /1997, lote 962. 13,03 g. 50 BnF ex Seyrnour de Ricci (= BnF 5 10). 16,50, - h. 5 1Aureo 2 1/1 0/1997, lote 958 . 52 Aureo 26/1/1999, lote 295.13,64 g. 53 M . Cáceres, hallada en Cáceres del Viejo, 22,38 g (~ M . Beltrán 1974 : 228 = Hildebrant 1984: 140). 54 Jiménez 1990: n° 137. 10,80 g, 4 h. Hallada en Horn achuel a s (Ri bera del Fresno, Badajo z). d. Variante corn ucopi a a dcha. 16,47 g (25 ejemplares: e + d). 32-31 mm. Se co noce n por lo menos dos o tres cuños de reverso que parecen tener la leyenda g rabada de distinta form a. 55* Aureo 20/1/199 8, lote 489. 14,99 g. 56* Aureo 21/5/1998, lote 262 . 13,75 g. 57* I VDJ 2292 . 19,82 g. Conimbriga, 48 (2009) 5-60 50 M. ALM AGRO- GO RBEA, P.P. R IPOLLÉS, F.O. R ODR1GUEZ MAR TíN, Dipo 58 M . Cáceres, hallada en Các eres del Viejo. 15,15 g (= M . Be ltrán 1974 : 227 = Hildebrant 1984: 138). La última letra de la leyenda es una o. 59* Cardoso, Salgado 1987: 1-5 (~Gomes 1998: 40, n" 1.04). 13,2 1 g. Es una reacuñación de Caslu lo (au nq ue no lleva topónim o se atribuye a esta ciudad) (CNH 339170) sobre una pieza de Dipo. En el anverso, sobre el cuello del retrato, se aprecian las letras VL F y parte de los labios y la barbilla del retrato de Caslulo y en el reverso, sobre el extremo ap untado de la cornucopia, parte del manto de Euro pa y la parte trasera del toro. En esta moneda la leyenda es ret rógrada: m. Sin determinar Magerit-Segura-Vico 1711 211981, lote 576. 25,80 g (ex Cardim) . RA H 4 10.1 0,81 g. RAH 4 11. 16,25 g (fragmentada), 3 h. MAN 2.6362. 19,90 g. 2. AE. Unidad. 14,33 g (lO ejemplares). 3 1-29 mm . CNH , p. 403 , n" 2. Vives , lám . CXV, 2. Anv. Cabeza mascul in a, a dcha .; dentro de una corona vegetal estilizada. Rev . Co rnucop ia, tumbada a dcha.; debajo, sin cartela , leye ndaD If'O ; dentro de u na co rona vegeta l estilizada. 60* Glasgow, colección Hunte rian (= MacDonald 1905: 668 , n° 1). 16,72 g. 6 1* E x col. Ramó n Vida l Quadras 744. 62 * Co l l . Rodrigues Marinho (L isboa). 12,50 g (archivo A. M . Far ia 9). 63 Aureo 21110/ 1997, lote 960. 11,63 g. 64 Col. Pri vada (archivo A. M. Far ia 4). 65 MAN 2.6364. 9,69 g. 66 S de C 223 (= Vives, lám. CXV, 2) . 67 IVD l 2297. 9,4 1 g (perforada y con falta de metal). 68ANS 100 1.1.236 15 (ex Cervera). 16,61 g, 6 h. 69* CNH, p. 403 , n° 2. 70 Aureo 21110/1997, lote 959. 7 1 Pl iego 22 /4/2004, lote 11 8. 12, 11 g. 72 Aureo 16-17/2/2003 , lote 3230A . 15,75 g. Conímbriga, 48 (2009) 5-60 M . A LMAGRo-GORBEA, P.P. R IPO LLÉS, EG. ROI)Ric.CEZ MARTt , Dip o ~ 51 73 A ureo 7/3 /200 1, lo te 189 . 18,52 g . 74 Ex col. Cardi m (a rc h ivo Villa ronga). 15,7 g , 3 h . 75 FNM T. 14,0 34 g , 6 h . BIBLIOGRAFÍA ABASCAL, J. M. , 1995: "Las inscripcio nes latinas de San ta Lucia del Trampal (Alc uésear. Cáee res) y el culto de Ataec ina en H íspania ", Archivo Español de Arq ueología 68: 31-105 . A BASCAL, J. M., 2002: "A taecina", Religio es da Lu sitania . Loquuntur saxa (ca tálogo de la expo sición), Lisboa: 53-60. A GUILAR SÁENZ, A ., GUIClIAKl>, P. V LEFE RE, S., 1993: "La ciudad antigua de BV Lacimurga y su entorno rural", Studia HistoricaHistorta Antigua 10-1 1: 109-130. ALARCÁo, J. 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EST. lI FIG. 3 - Plat afo rma ocupada por la antigua Dipo desde el lado occidental del río Guadajira. -7 reg,k del Cuto,,,iUo /' 0 -1 0 I 1 1 -'~ • FIG. 4 - Planta de la zona ocupada por la antig ua Dipo. segÚ" el mapa 1:50.000. E ST. " ' FIG, 5 - Espolón hacia el Cuadiana de la zO lla ocupada por la antigua Dipo. con el lugar de hallazgo de restos arqueológicos seña lado. a b e FIG. 6 - a-d. Monedas de Salacia, Castulo, Obu1co y Carbula halladas en Guadajira (según J. M Jerez Linde). EST. IV F IG. 7 - Remocion es de tierras en la Vega del Guadiana con el pueblo de Guodajira al fo ndo, hacia 1960 (FOIO Consejería de Agricultura de la Juma de Extremadura}, FIG. R- Espolón donde se ubica Dipo desde el Sur. con la vaguada que la limita y las tumb as calcoliticas (foto J. M. Jerez Linde) . EST. V FIG. 9 - Urna turde tana con su tapadera de lino tumba apa recida al Sur de ). Gua daj ira (según J. M . Jerez L inde FIG. 10 - Fragm en to de plato át ico atribuido al Pintor de Londres 8 - 76 hallado en El Cuco (seg ún J. Jiménez Ávila). EST. V I Nudo salomónico ¿ Figura alada ? FIG. 1J - Fragmen to de cerámica tipo Medellín de El Cuco (.~egún J. M . Jerez Linde). C UC/2 CUC/3 CUC/4 FIG. 12 - Fragmentos áticos de barniz negro hallado en El Cuco Á vila). (~egú ll J. Jim éncz EST. VII FIG. 13 - Palmeta de bronce de un oinochoe arcaico procedente de El Cuco (Joto J. M . Jerez Lind e) . a f ~ • d • • ~ F IG . 14 - Objet os de bronces procedentes de El Cuco (según J. M. Jerez Linde) EST. V1Il Ftc. 15 - Terracota defelino? procedente de El Cuco (según J. M. Jerez Linde) . V ,\1 \1V , , /\6 1/11 1 .//11 Fusayola .. - ' -z: 1"")' FIG. 16 - Fusayola decorada procedentes de El Cuco (seg ún J. M . Jerez Lindes Esr . IX a b FI(i, 17 - Monedas de Dipo halla das en Guadajira : a, en la villa romana de Pedro Franco, en la Vega del Guadiana fr ente a Guadajira (según J. M . Jerez Linde) ; b, si n p rocedencia concreta (joto Internet). EST. X FIG. 18 - Topónimos con -ipo. Las cruces indican los casos con la [anuo más simple: 1, Dipo; 2, Laepia, Lepe. Hile/ va; 3, Lipp os, V a/verde de V aldecasa , Salaman ca; 4, Saepo, Cerro de la Botinera, Algodonales, Cádiz; 5, Aipora, en situación descon ocida, quizás en Sanlú car de Barrameda, Cádiz. PIG. 19 - Territorios de las ciudades-estado orientaliza ntes del Valle del Guadiana. E ST. XI Es T.X ll FIG. 2 J - Vías de comunicación prerromanas del Suroeste de ía Península Ibérica. FrG. 22 - Sit uación de los ej ércitos púnicos el 210 a.e. dura nte la JI Guerra Púnica controlando la vía de Olisipo a Toletum que pasaba por Dipo. EST. X IlI FIG. 23 ~ Dipo y fas vías de comunicació n del Guadiana en la Guerra de Sertorio (en negrita, f undaciones y des trucciones de Q. Cccil¡c Metelo). OIPO o 1 moneda • 2 a 9 monedas • > 10 moned as FIG. 24 - Dispersión de los halla zgos de monedas de Dipo (ver texto) . EST. XIV 2 3 4 6 7 FIG. 25 - Moneda s de Dipo (Cat. n" 1-7) EST.XV 8 9 10 19 20 21 FIG. 26 - Monedas de Dipo (Cal. n '' 8-10, 19-21) EST.XVI 22 23 24 29 30 32 f rc. 27- Monedas de Dipo (Caf. 11" 22-24. 29-30, 32) EsT. XVIJ 33 37 38 44 55 56 FI 28 - Monedas de D ipo (Cat. G. 11. " 33 .3 7-38, 44, 55-5 6) EST. XVIII 57 59 60 61 62 69 FIG. 29 - Al onedas de Dipo (Cat. n" 57,59-60,6/ -62 ,69)
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